#Opinión8 de Marzo

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Ocurrió en los primeros días de marzo de 1857, cuando mujeres de la fábrica de prendas de vestir Lower East Side, de Nueva York, realizaron varias manifestaciones en reclamo por mejoras de salarios, ya que ganaban solo el 40% del salario de los hombres. También abogaban por la reducción de la jornada laboral, -trabajaban de 12 a 14 horas por días-. Otro reclamo fundamental fue que los niños no trabajaran más, pues en la industria de la vestimenta había niños de 6 y 7 años. Se dicen que fueron tres las manifestaciones, tal vez si, tal vez no, la última fue disuelta por la “policía montada” a balazos con resultado de manifestantes muertas y heridas. El tiempo pasó inexorablemente y 52 años después otra gran manifestación se realizó en Nueva York, con la influencia de los inmigrantes europeos, un 28 de febrero de 1909, las Mujeres salen a las calles. La consigna fue “Pan y Rosas”, mejores salarios, por el derecho al voto y la educación, fin del trabajo de los niños y jornada laboral de 10 horas. La historia dice que eran una 15.000 las mujeres que manifestaban, cuando se desató una represión feroz por parte de la policía. Nuevamente decenas de muertos y heridos, además de cientos de detenidos. Pero las obreras norteamericanas, no estaban solas en su lucha. Los trabajadores ya conmemoraban su 1º de Mayo, en Inglaterra, en el hoy territorio alemán, en Francia todavía estaba latente la Comuna de París en 1871, en Rusia en 1905 y también en el Río de la Plata las mujeres ya tenían sus propias publicaciones. La Voz de la Mujer (08-01-96 al 01-01-97) en Argentina, bajo la dirección de Virginia Volten. En Uruguay se editaba “La nueva senda” bajo la dirección de Juana Buela. Las mujeres tenían su plataforma de reivindicaciones que era casi igual a lo largo y ancho del mundo, ya que su padecimiento era denigrante e injusto en todo el mundo, y más que nada en los países industrializados. En Uruguay y del otro lado del charco, en Argentina, tuvimos guerras de exterminio como la de la Triple Alianza contra el Paraguay, mientras Europa tuvo una gran guerra de clase como la Comuna de París. Argentina exterminando sus aborígenes en “la famosa campaña de la conquista del desierto”. Todo fue fruto del exterminio y las guerras, y más adelante matarán unas 20 o tal vez 30 mil personas como consecuencia del levantamiento en los campos argentinos. En Uruguay tendremos la última patriada, en 1904. En estos hechos morían los hombres, mientras sufrían las consecuencias las mujeres y los niños. En la guerra de la Triple Alianza murió más de un millón de hombres, mujeres y niños. Los que deben de realizar todo el trabajo de la reconstrucción del país son las mujeres, pues el 95% de los hombres, había muerto en la lucha. Pero ni así lograron que se les reconocieran sus derechos. Puede ser que con la lucha que realizaron en la Comuna de Paris, -18 de marzo al 28 de mayo 1871-, la mujer que participó hombro con hombro junto a los hombres, les llegó parte de ese reconocimiento, pues sus muertas en las barricadas y luego las fusiladas sumaron decenas de miles. Ese Gobierno de la Comuna de París les reconoció el derecho al estudio y a la educación, al divorcio, al trabajo en igualdad de condiciones. Podemos decir que fue el primer reconocimiento, respeto y valor a su condición de ser humano como mujer, pero no tuvo el derecho al voto, al elegir y ser elegida en el gobierno de la Comuna. Luego de esta derrota, desde Europa la emigración hacia el nuevo mundo fue mucha y trajo consigo ideas políticas nuevas, que trataran de aplicar su lucha en estas latitudes. Rusos, alemanes, italianos, franceses, españoles, todos traerán algo de esta nueva ideología de Libertad-Igualdad-Fraternidad. Uruguay, el Río de la Plata, no será ajeno a esa influencia, o choque de cultura machistas. La represión era algo común en los reclamos obreros, no debemos de olvidarnos que la jornada laboral era de 12 horas (o más) de jornales miserables en las fábricas y peor aun en el campo. Allí en las estancias, la mujer siempre fue una “peona” para todo uso. Morían en general muy jóvenes y no tenían derecho a nada, trabajaban en muchas ocasiones por un plato de comida para ella y sus hijos, mientras estos eran chicos, luego con 8 o 10 años eran destinadas a trabajar en beneficio del estanciero. Uruguay fue el primer país de América donde la mujer votó, el 3 de julio de 1927, en la pequeña localidad de Cerro Chato, era un plebiscito local. En las elecciones nacionales de noviembre de 1933 votará por primera vez y será electa para cargos legislativos en 1942. La primera senadora de Uruguay fue Sofía Álvarez de Demichelli (colorada) y las primeras diputadas Magdalena Antonelli Moreno (colorada) y Julia Arévalo de Roche (comunista). También integrará el senado Isabel Pintos de Vidal, que era suplente del colorado Luis Matiaude. Pero durante todo este tiempo nada les fue regalado a las mujeres. Ellas también pagaron un alto precio en muertes y desprecios de la sociedad machista. En 1933 fue asesinada por la Policía Julia Scorino, en una concentración de mujeres campesinas en San Javier. En otra represión, por parte de las fuerzas policiales en Montevideo, durante una huelga en la fábrica Ferrosmalt, fue asesinada de un balazo por la espalda María del Carmen Díaz el 17 de setiembre de 1955. En otro acto de represión policial, el 21 de setiembre de 1968, fue asesinada la estudiante de la UTU, Susana Pintos. Otras no cayeron en la lucha, siempre mantuvieron su espíritu guerrero de la pelea por un mundo mejor y más justo para todos los seres humanos, ejemplo de ello fueron Sonia Dutrenit, la doctora Rebeca Tuyak, Julia Arévalo, Tita Cogo…. Podríamos seguir. La dictadura cívico-militar se ensañó con las mujeres, que jugaron en gran papel en la lucha clandestina, pero cuántas murieron por las represiones militares y policiales. ¿Cuántas? Cuántas sufrieron el robo de sus hijos, sus nietos, cuántas quedaron con secuelas de por vida, producto de los encierros y violaciones sufridas por esos “defensores de la patria”. Termino recordando a tres mujeres muy queridas por mí, que aunque ya no están entre nosotros yo siempre las tengo en mi corazón: Milte Radiccione, mi profesora de matemáticas en el liceo Rodó. “Chacho” Cedrés, la doctora, y Niurka Fernández del diario El Popular. La lucha continua…

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