#Opinión#8Marcha

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Las crónicas sobre mujeres que son víctimas de abusos, maltratos y discriminación, golpean como un martillo cada vez que escuchamos un informativo. Ganar la batalla contra los abusos nos debe llamar a todas y todos quienes luchamos por un mundo sin violencia. No es una lucha de mujeres contra hombres. La lucha es contra el patriarcado, que es sinónimo de desigualdad, violencia e inequidad. El 8M del año pasado centenares de miles de manifestantes inundaron las calles de nuestro país. La indignación caló hondo en una sociedad que sabe que no se puede callar más ante tanta barbarie como el asesinato de una mujer por semana o la atrocidad de la violación y muerte de niñas y niños. Pero la discriminación hacia la mujer no se limita a la violencia física, está naturalizada en todas las actividades. Ejemplos de ella: la sub representación a nivel político, la brecha salarial, la diferencia de oportunidades. Algunos datos: el 65% del trabajo femenino no es remunerado, las mujeres cobramos un 80% del salario de un hombre en igual tarea e igual formación, la presencia femenina en los directorios de organizaciones privadas es mínima, en el Parlamento menos del 20% somos mujeres y nunca hubo una mujer presidenta de la República. Lo más alarmante es que estas cifras no son nuevas, los registros de participación femenina han mejorado e igualmente siguen siendo pésimos.De una buena vez hay que terminar con esta brecha que usa como subterfugio argumentos tan torpes como arcaicos. Hay una serie de preguntas que jamás tendrán respuesta de quienes justifican estos abusos y arbitrariedades. Por ejemplo: ¿Cuál es la razón por la que la mujer se debe responsabilizar mayoritariamente por las tareas de cuidado? ¿Cuál es la razón para pagarle menos a la mujer por igual trabajo? ¿Cuál es la razón para que la mujer siga sub representada en el gobierno, en los sindicatos y en los cargos jerárquicos de las organizaciones? ¿Cuál es la razón para que los hombres decidan sobre el cuerpo de la mujer? En el 2017 se votaron una importante cantidad de leyes en nuestro país que coadyuvan a terminar estas desigualdades y al impostergable cambio cultural: Ley de registro del BPS para pensiones alimenticias (19480); Ley de convención contra racismo, discriminación e intolerancia (19517); Ley de sala de lactancia (19530); Ley de Femicidio (19538); Ley de cuotas (19555); Ley Integral de violencia de género (19580). Indudablemente, se avanzó pero aún falta mucho más. Este jueves 8 de marzo paramos porque no aceptamos más discriminación, paramos porque las mujeres no le pertenecemos a nadie, paramos porque las mujeres queremos vivir en plenitud.

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