#IdearioAduana siglo XXI

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En el país en el que durante años y años las aduanas eran un colador, donde los bagayeros pasaban como perico por su casa por el Chuy, Río Branco o Rivera o los Röhm y/o los Peirano te desfondaban un banco con una facilidad asombrosa, algunos salen a golpear por el pasaje de unos bolsos de mano en un Puerto de Carmelo.

Toda monedita sirve para generar sensación de caos, por lo que es bueno y pertinente hacer un repaso de las reformas estructurales de los gobiernos del FA en esta materia.

Todos sabemos cómo se encontraba la Aduana a principios de los años 2000. El propio Jorge Batlle arremetió sin piedad contra los aduaneros acusándolos de ganar unas monedas en sus empleos públicos y tener bienes faraónicos que no se compadecían con sus ingresos. Fiel al estilo del extinto expresidente habló mucho pero no solucionó nada, muchos ruidos y pocas nueces.

De la misma forma el sector privado se quejaba amargamente sobre las demoras, los trámites, la falta de transparencia y el atraso tecnológico que afectaba el comercio exterior de nuestro país por esos años. La Aduana era una dirección muy complicada y urgía una reforma profunda, que además se avizoraba dolorosa y con una gran resistencia por un número importante de actores.

El proceso de modernización y reforma de la Aduana comenzó en 2007 con el claro objetivo de que el organismo se convirtiera en un facilitador del Comercio Exterior, no en una oficina burocrática cuya visión y cultura era meramente fiscalista.

Partiendo de la base realista que es absolutamente imposible cubrir todo el territorio nacional y controlar una y cada una de las mercaderías que ingresan al territorio, se pasó de un control aleatorio o de cada uno de los contenedores a un modelo de Gestión de Riesgos. Se trata de modelos inteligentes que utilizan mucha tecnología y capital humano calificado para detectar dónde intensificar los controles en función de diversos índices que demuestran una alta probabilidad de detectar irregularidades.

Se creó en el período un nuevo Código Aduanero, fundamental para dar certeza jurídica para todos los actores involucrados; operadores privados, la aduana, la justicia. Antes había un sin fin de normas todas desperdigadas, con muchas inconsistencias y atrasadas en variados aspectos; desde el régimen infraccional y sancionatorio, los ámbitos de aplicación y actuación de la Aduana y su alcance hasta su adaptación al Código de Aduanas del Mercosur y otras normativas internacionales.

Se optimizó y digitalizó todo el proceso aduanero, con el objetivo de seguir la trazabilidad de la logística de la mercadería introducida a territorio nacional, reduciendo tiempos y dando transparencia al proceso.

Todo el procedimiento se integra en el Sistema Único Aduanero informatizado (DUA digital). Se instrumentó una ventanilla única y se incorporó tecnología y equipamiento de primera realizando un precinto electrónico de los contenedores y nuevos escáneres para mejorar y agilizar los controles.

Una novedad fue la introducción de la figura del Operador Económico Calificado en el que se acredita que cuando una empresa es segura y fiable en la cadena de suministro internacional, se le aplican controles aduaneros más ágiles y simplificados.

Todas estas reformas -tanto el nuevo Código como el nuevo proceso aduanero- contó con la participación y el apoyo entusiasta del sector privado; principalmente los despachantes de aduanas y la Cámara de Industrias del Uruguay. No es poca cosa que las reformas se hayan “apoderado” de los actores principales del proceso.

Los cambios en la interna de la Aduana fueron drásticos realizándose una cruzada contra las prácticas abusivas e irregulares en la oficina. El clima interno y la cultura funcional eran escollos muy importantes a derrotar. Pelear contra el amiguismo, el tráfico de favores, el abuso de autoridad, el encubrimiento, casos muy sonados de ausentismo laboral fue y sigue siendo una tarea diaria incansable.

Una radical transformación de los recursos humanos del organismo debió atender desde una nueva estructura organizativa; un manual de puestos de trabajo hasta un nuevo sistema de remuneraciones con elementos variables en función del desempeño.

Se trabajo con un Código de Etica, para fijar reglas y normas claras de actuación.

Hoy la Aduana es otra. Es una dirección moderna, más eficaz, más transparente cuya visión es controlar y facilitar el comercio exterior, sin que ninguno de estos dos conceptos se considere contrapuestos.

Pueden pasar muchos bolsitos de mano, seguirá el contrabando o la subfacturación de mercaderías. Ningún país en el mundo tiene cero contrabando o control total y absoluto sobre sus fronteras, al menos que sea una feroz dictadura que ejerza un férreo control de ingresos y egresos de personas y bienes. Quienes critican lo saben bien.

Levantemos la mira y observemos que las reformas estructurales en la Aduana y los controles sobre nuestras fronteras han sido una ardua tarea de la que se ha beneficiado el país en su conjunto y que no tiene marcha atrás gobierne quien gobierne de aquí en más.

Uno se cansa de la política carroñera.

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