#IdearioAquel 9 de julio del 73

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Para algunos esa fecha poco debe de significar, para otros es una fecha memorable. El tiempo pasa y los recuerdos, no es que se nublen, se van borrando, aunque uno no quiera. La huelga general seguía en todo su esplendor, aunque la brutalidad de los militares pegaba muy fuerte.

Ya teníamos muertos, los detenidos se contaban por cientos, a lo largo y ancho del país, pero la huelga y el enfrentamiento a los golpistas y sus lacayos civiles seguían firme. La noche anterior habíamos salido a realizar una serie de pintadas relámpagos, con aquellos grandes crayones confeccionados por nosotros mismos. La consigna: “NO a la DICTADURA”. Aunque el cansancio nos golpeaba muy fuerte, tal vez más que nuestros enemigos, para nosotros el triunfo estaba a la vuelta de la esquina.

Ya teníamos dos jóvenes muertos y muchos heridos por las golpizas. Los dos muertos, se encontraban desarmados y habían sido asesinados por la espalda a balazos. A los diez días de comenzada la huelga general, la presión de la dictadura se sentía y la comunicación de los trabajadores que se encontraban ocupando y las direcciones sindicales no era buena, al decir de un documento de la época “se carecía de una correcta trasmisión de las directivas, a las bases organizadas”, además de que la comida comenzaba a escasear en las casas y en lugares ocupados por los trabajadores.

El primer asesinado fue Ramón Peré, estudiante de Veterinaria, profesor de química en un liceo de Tarariras, casado y padre de dos hijos, tenía 28 años. Militante de la U.J.C. y estudiantil. El 6 de julio iban 10 días de la huelga general y el transporte de pasajeros había comenzado a salir a las calles.

Los estudiantes de Veterinaria resuelven salir a ver cómo eran los movimientos reales de esos ómnibus, más que nada de Amdet pues salían de la Estación Buceo. Dos estudiantes salen por Luis A. de Herrera tomando luego por Rivera, sin saber que venían siendo seguidos por soldados del Ejército de particular.

Les dan la voz de alto, ellos corren por Rivera y al llegar a Pedro Bustamante doblan por la misma, a media cuadra suenan disparos, Ramón cae, su compañero sigue corriendo hasta la Facultad de Veterinaria. Después se enteran que Ramón Peré murió en el Hospital Militar fruto de un balazo por la espalda. Su entierro fue una gran demostración del dolor popular. Treinta y ocho años después fue procesado por este asesinato el coronel Tranquilino Machado, con la acusación de homicidio especialmente agravado, no llegó a estar cuatro años preso.

El segundo compañero asesinado fue Walter Medina, de 16 años, estudiante, vendedor de diarios junto a su padre en Gral. Flores y Bvar. Artigas, militante de la Juventud Socialista. El 7 de julio por la noche, “el Walter” llegó a su casa donde fabricara varias crayolas para salir a pintar en su barrio. Sale cerca de medianoche, al parecer solo, pintara uno, dos, tres, no sabemos cuántos muros.

Pintando el muro de Teniente Rinaldi y Campamento, hoy Walter Medina, en Piedras Blancas, recibió tres disparos por la espalda, su valiente asesino es José R. Cisneros, guardia de granaderos destacado en la Seccional 17ª de Policía. La última pintada decía: “Consulta popu…”. Este crimen permanece aún impune. Ambos estudiantes estaban desarmados.

El día 9 de julio hacía frío, aún lo recuerdo. Cerca del mediodía en radio Sarandí la voz de Ruben Castillo, repetía un poema de Federico García Lorca “A las cinco de la tarde”. Ese día de manera constante, Ruben Castillo repitió una y otra vez el poema de Lorca, poema que consta de 52 versos de los cuales 30 dicen “A las cinco de la tarde”, “A las cinco en punto de la tarde”.

Siempre me he preguntado cuántas veces recitó el poema a lo largo de la tarde, ¿cuántas veces? Con solo haber repetido el verso 5 veces debe de haber repetido más de 150 veces “a las cinco de la tarde”. Esa propaganda y “el boca a boca” fue lo único que hubo como citación para esa manifestación que fuera convocada por la CNT, la FEUU y las Cooperativas de Viviendas por Ayuda Mutua.

¿Cómo saber si la gente respondía o no? Los militares fascistas y sus ayudantes civiles, apretaban cada vez más y más. Los emplazamientos para volver al trabajo, llegaban de parte de las oficinas del Estado, como ser de UTE, OSE, Ancap, Puerto, banca estatal, municipales, los trenes, Salud Pública, pero los privados no se quedaban atrás, Funsa, los frigoríficos, Cutcsa, la Cámara del Comercio y la Industria, Molinos Gramón, Abal Hnos, Monte Paz, INCA, Aceiteras, transporte carretero.

Todas las patronales se “subieron al carro” pues se podía despedir sin pago de indemnización. Los diarios El País, El Día, La Mañana, El Diario, todos los canales de TV, se jugaron a la gran dictadura, eran los medios de comunicación de la época. El apoyo político a esta manifestación de repudio a los militares golpistas estuvo del lado de Jorge Batlle, en los blancos los de “Por la patria” seguidores del Wilson y el Frente Amplio.

El diputado Julio María Sanguinetti declaraba al diario El País, “vocero” de la dictadura: “No tenemos nada que ver con ese entendimiento y es resolución oficial de nuestro grupo no participar de ninguna actividad conjunta con grupos no democráticos”, por lo tanto no apoyó la manifestación pacífica contra la incipiente dictadura.

“A las cinco en punto de la tarde”, la gente se lanzó a la calle y podemos decir que copó 18 de Julio, desde Ejido hasta la Plaza Independencia. La represión no se hizo esperar, la Policía con todos sus aparatos represivos, con los carros lanza-agua y sus “chanchitas”, a caballo o a pie, con sable o cachiporra, dando palo a diestra y siniestra, los gases inundaron todo el centro en especial desde la plaza Libertad a Andes.

La gente se dispersaba por las calles laterales, pero volvía a 18 de Julio a seguir manifestando al grito de “Libertad, abajo la dictadura”. Esto duró como una hora, hasta que comenzaron a llegar unas tanquetas del Ejército por la calle Agraciada, en esos momentos se sintieron tiros, muchos tiros, en especial en 18 y Julio Herrera y Obes. Esta manifestación fue filmada por dos universitarios, Alejandro Legaspi y Sergio Villaverde, que se las ingeniaron de ir al bar del Rex, ubicado en la esquina de 18 de Julio y Julio Herrera, desde el primer piso tuvieron una vista excelente y mejor toma para su película.

Más tarde a eso de las 19 horas fue allanado el local del diario El Popular, por efectivos del Ejército y gente de civil, que luego fueron reconocidos como integrante de la organización fascista de la Juventud Uruguaya de Pie (JUP). De allí se llevaron más de 150 detenidos, luego de un simulacro de fusilamiento. Ese mismo 9 de julio cerca de la medianoche detuvieron a los dirigentes del Frente Amplio: generales Líber Seregni y Víctor Licandro, y al coronel Carlos Zufriategui.

Al senador Walter Santoro del Partido Nacional, Movimiento Por la Patria lo detuvieron al terminar la manifestación. Aunque el Ejército habló de unos 250 detenidos, podemos decir que ese día los detenidos pasaron el millar. Después vendrá aquello de vivir con el dolor y el miedo durante trece años. La huelga finalizó dos días después.

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1 comentario
  1. alfredo alsamendi dice
    Una gesta heroica. Su recuerdo debe perpetuarse. Para la dictadura fue su partida de nacimiento: nació condenada al desprecio porel pueblo.

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