Equipos dispondrán de manual clínicoPara atender en salud a mujeres víctimas de violencia

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En vísperas del Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, que se conmemora mañana, 28 de mayo, el Ministerio de Salud Pública (MSP) lanzó la publicación “Atención de salud para las mujeres que han sufrido violencia de pareja o violencia sexual.

Manual clínico para el Sistema Nacional Integrado de Salud”, elaborado junto con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Federación Internacional de Planificación Familiar, a través de Iniciativas Sanitarias. Esta guía ofrece una serie de pasos y sugerencias para ayudar a prestar dicha atención, con señalamientos sobre lo que los equipos de salud deben hacer y lo que no en esas situaciones.

Según la encuesta de prevalencia realizada por el MSP en 2013, que se considera vigente, el 27,7 % de las mujeres mayores de 15 años que consultan en el sistema de salud por cualquier tema sufrió violencia doméstica en el último año, y 6,7 % ataques sexuales. En 2017 se atendieron más de 1.600 situaciones de riesgo.

El ministro del ramo, Jorge Basso, considera que es fundamental involucrar a todo el funcionariado de salud en el tema, lo cual implica fortalecer a los equipos de referencia con cierta experiencia, para que luego trasladen al resto del personal de la institución el conocimiento sobre el abordaje de situaciones complejas.

Irene Petit, responsable del Área Programática Violencia de Género y Generaciones del ministerio, recordó que, además de muertes ocasionadas por asesinatos o suicidios, muchas veces se generan situaciones que derivan en la descompensación de patologías crónicas. De ahí la importancia de prestar apoyo a las mujeres, explicándoles cuáles son sus derechos, exonerándolas de la culpa y ayudándolas a evaluar el riesgo.

Precisó que ese trabajo es parte de una tarea intersectorial, en conjunto con el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), el Ministerio del Interior, la Fiscalía, las comunas y la sociedad civil. “Trabajamos desde el respeto a la autonomía de la mujer. No les diremos lo que tienen que hacer, como hacen quienes ejercen violencia contra ellas, les mostraremos su propia capacidad de construir la ruta de salida, siempre que quieran hacerlo”, agregó.

El manual especifica que en el apoyo de primera línea a las víctimas se debe prestar atención a cuatro clases de necesidades: las inmediatas de salud emocional y psicológica así como de salud física; las continuas con respecto a la seguridad y salud mental.

El apoyo de primera línea es el que deben brindar todos los integrantes del equipo de salud en todos los niveles de atención, desde el momento que toman contacto con una mujer que ha sufrido violencia, más allá de que en los casos complejos o de riesgo alto se requiera un abordaje y una formación específica. Muchas veces, ese apoyo es el más importante que se puede brindar en el área de la salud.

Las directrices no abordan directamente los casos de las niñas y las adolescentes ni de los varones que sufren violencia, sin perjuicio de lo cual muchas de las propuestas que contiene la guía también son válidas para esos grupos poblacionales y para abordar situaciones de violencia en las relaciones de parejas del mismo sexo y personas trans.

Se advierte que las mujeres que han sufrido violencia pueden tener necesidades distintas de las y los demás pacientes, en particular diversas necesidades emocionales que requieran atención; sentir temor y necesitar que las tranquilicen; estar preocupadas continuamente por su seguridad y por la de su familia e hijos; requerir derivaciones o acceso a otros recursos para cubrir las necesidades que el sistema de salud no satisfaga; ayuda para sentir que tienen más control de la situación y que pueden tomar sus propias decisiones.

“Actúe en respuesta a lo que desee la mujer, préstele la mejor atención posible y evite aumentar su sufrimiento” determina el manual, poniendo el énfasis en un enfoque basado en derechos y la promoción de la equidad de género.

Las mujeres que sufren violencia de pareja suelen acudir a los servicios de salud por problemas relacionados con esta, tanto emocionales como físicos, incluidas las lesiones. Sin embargo, es habitual que no hablen sobre eso, ya sea por vergüenza, por miedo a ser juzgadas o por temor a su pareja.

La guía indica que se puede sospechar que una mujer ha sufrido violencia si presenta problemas actuales o recurrentes de salud emocional o psicológica, como estrés, ansiedad o depresión; comportamientos perjudiciales como el consumo excesivo de alcohol o el consumo de drogas; pensamientos, planes o actos de autolesión o intentos de suicidio; lesiones físicas frecuentes que no tengan explicación clara; infecciones de transmisión sexual; embarazo no intencional; interrupciones voluntarias de embarazo; abortos espontáneos; dolores o trastornos crónicos sin explicación (dolores pélvicos o problemas del sistema reproductivo, trastornos gastrointestinales, infecciones de las vías urinarias, dolores de cabeza, etc.); consultas médicas reiteradas sin un diagnóstico claro.

También se puede sospechar un problema de violencia si la pareja de la mujer se entromete durante la consulta, si la mujer falta con frecuencia a sus citas médicas o a las de sus hijos, o si estos tienen problemas emocionales y de comportamiento.

Nunca se debe plantear el tema de la violencia de pareja si la mujer no acude sola a la consulta: aunque la acompañe otra mujer, podría ser la madre o la hermana del agresor; tampoco se debe plantear frente a los niños. Si se decide preguntar a la mujer si sufre algún tipo de violencia, debe hacerse en un tono empático, sin emitir juicios críticos, empleando un lenguaje adecuado y sensible a la cultura y la comunidad donde se preste el servicio. La guía proporciona ejemplos del tipo de frases y preguntas que pueden ser útiles a los efectos de averiguar la situación.

Si existe violencia pero la mujer se resiste a revelarla, se indica no presionarla, darle tiempo para que ella misma decida lo que desee contar. También informarle de los servicios disponibles dentro y fuera del sistema de salud por si quiere utilizarlos, y sobre las consecuencias de la violencia tanto para su propia salud como para la de sus hijas e hijos.

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