Coral Herrera Gómez es una escritora y comunicadora feminista española radicada en Costa Rica, que sostiene que el romanticismo es producto del patriarcado“El patriarcado no se va a acabar mientras se sublime la violencia machista dentro del amor romántico”

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Coral Herrera constató que “El amor romántico nunca ha sido un objeto de estudio para la academia”, y recuerda que a su profesor de tesis casi le da un infarto al plantearle un análisis del amor romántico desde una perspectiva multidisciplinar y feminista. “El amor romántico tiene una ideología, como cualquier construcción social y humana, por lo tanto es susceptible de ser analizado desde diferentes ciencias sociales”, dice.

Bajo la premisa de que la revolución amorosa es una revolución política, la escritora pretende transformar el mito romántico. Su mensaje es claro: vamos a disfrutar del amor, de los orgasmos, del sexo, del cariño y de los cuidados: otras formas de querernos son posibles.

¿Por qué decidiste especializarte en la investigación de las relaciones humanas?

No entendía esa distancia enorme entre la mitificación del amor romántico y la realidad. Siempre me he fijado mucho en cómo se relacionaban los adultos y luego me llamó la atención cuando yo me enamoré, porque notaba que tenía interiorizados todos los mitos del amor romántico y esa dificultad de llevarlo de la teoría a la práctica.

¿Hasta qué punto se puede teorizar un sentimiento tan pasional como el amor?

Hemos tardado demasiados siglos en considerar el amor romántico como algo que se puede analizar. Es un tema muy complejo, en cada país y en cada clase social varían las formas de quererse y amarse, pero hay unos temas comunes que tienen que ver con la cultura patriarcal. Estamos muy condicionados por la educación que recibimos, la religión en la que somos educados y educadas y por supuesto, por el género al que pertenecemos: las niñas aprendemos a amar de una manera y los niños aprenden a amar de otra. Y precisamente desde aquí parte todo el análisis.

Los sentimientos son el epicentro del patriarcado, por eso cada vez hay más libros que analizan el amor en la literatura o el cine y estudios feministas en torno a cómo construimos el amor y cómo aprendemos a amar. Todavía nos queda mucho trabajo por hacer en el ámbito emocional, sexual y afectivo.

Una cuestión política

Si el amor es una cuestión política, ¿qué responsabilidades podemos exigir a quienes nos gobiernan?

Si nos vamos al terreno de lo concreto, en primer lugar educación sexual de calidad para todos y todas. No necesitamos una educación sexual para que nos enseñen a poner un condón como hacen hoy en día, sino para que podamos conocer nuestros cuerpos mucho mejor, para conocer todos los procesos reproductivos, para que seamos concientizadas de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en el mundo. Esta educación también tiene que ser afectiva. Es fundamental para la salud emocional, física y mental que tengamos acceso a herramientas que nos permitan relacionarnos sin dolor, sin conflictos y sin luchas de poder, tanto en las relaciones familiares y de amistad como en las relaciones laborales y románticas.

Necesitamos también una educación claramente feminista que ponga en el centro el buen trato, los cuidados y los afectos, porque al final las relaciones humanas son lo más importante, lo que más energía y tiempo nos ocupa. La educación debería tener el género transversalizado en todas las asignaturas. Es fundamental que esto nos lo enseñen tanto en casa como en el colegio. Necesitamos ser mejores personas, y hacer un cambio social y político desde la educación.

También habrá que asegurar las condiciones económicas legales y políticas de las mujeres que están en relaciones de malos tratos y de violencia, para que puedan salir de ellas. Es importante proteger a las víctimas de violencia machista y hay que hacer un cambio cultural muy fuerte, que no depende solo de los gobiernos, sino de los medios de comunicación y de las industrias de la cultura y el entretenimiento.

En el libro explicas que lo primero que aprendemos del amor viene de las experiencias personales con nuestra familia, y de las “historias Disney” que escuchamos desde pequeñas… ¿Crees que los relatos actuales se han adaptado a la perspectiva de género?

En general no. Creo que es en el mercado alternativo donde se están creando más historias que reflejan la visión feminista y diversa de este mundo, pero los grandes medios de comunicación siguen perpetuando los estereotipos y los mitos del machismo de una manera horrorosa. Creo que hay que apelar a su responsabilidad social y ética para que empiecen a cambiar los cuentos que nos llegan y dejar de inundar todo de colores rosa y azul.

Disney ha hecho el esfuerzo por incorporar esta perspectiva, lo intentó (sin éxito) con “Frozen” y lo consiguió un poco con “Brave”, pero creo que necesita un equipo potente de asesoras de género, porque es un referente mundial y es súper importante que las grandes industrias se unan a esta lucha para acabar con el machismo.

El Laboratorio del Amor

¿Qué es el Laboratorio del Amor?

Es una comunidad de mujeres a las que nos une la idea de querer analizar el amor y reinventarlo, bajo el lema de que lo romántico es político y otras formas de quererse son posibles.

Creemos que el amor como construcción se puede destruir y reconstruir desde otra perspectiva, y la nuestra es feminista. Nos motiva descubrir esta idea de que el amor tiene que ir más allá de la pareja. Una sola persona no puede darte todo el amor y el cariño que necesitas porque el amor romántico no es para siempre: evoluciona, muta y cambia. Es muy importante tener una sólida red de afectos alrededor porque al final es lo que nos hace humanos y lo que da sentido a nuestra vida.

En el Laboratorio hacemos mucha autocrítica. Estamos acostumbradas a compadecer a la persona que está sufriendo por amor y a considerar que la persona que la ha dejado de amar es mala o se está portando mal. Es un tema muy interesante, porque pienso que cuando una persona es sincera, honesta y leal, tiene todo el derecho del mundo a quedarse contigo o a irse, y que cuando alguien no quiere seguir contigo se tiene que sentir lo suficientemente libre como para poder echar a volar sin ti. Y esto no nos convierte en buenos ni en malos, simplemente se trata de aceptar que el amor cambia y termina.

Dices que el amor es un arma muy potente para revolucionar el mundo. ¿Qué cambios has notado desde que comenzaste la revolución de los afectos?

Lo estamos consiguiendo, las mujeres estamos más empoderadas, estamos trabajando mucho el tema de la autoestima y de la autocrítica amorosa para quitarnos los patriarcados de encima.

Las tasas de divorcio son un dato muy positivo. Creo que las mujeres cada vez tenemos menos aguante. Seguimos soñando con encontrar el compañero, pero sabemos distinguir quién nos está tratando bien y quién no, y cómo podemos hacer para liberarnos de relaciones tóxicas que no nos hacen bien.

Soy optimista. En el Laboratorio veo como las compañeras poquito a poco van logrando liberarse de los miedos de la dependencia y de la necesidad. Son pequeños pasos que incentivan el cambio social.

¿Se consigue sufrir menos reinventando el mito romántico?

Creo que necesitamos menos romanticismo y más amor. Cuando descubres que el amor no es solo tener pareja, de repente hay una revolución personal. Es muy diferente relacionarse desde la necesidad de ser amada, de sentirse especial y la necesidad de sentir pertenencia a algo o a alguien. Para mí, relacionarse desde la libertad es un cambio enorme. Sí, creo que lo estamos consiguiendo.

¿Las mujeres también hacemos sufrir a los hombres en la relación?

Las luchas de poder son el denominador común en todas las relaciones. Tanto hombres como mujeres tenemos nuestras estrategias para conseguir lo que queremos. Nuestras relaciones son de abuso y explotación, hay una jerarquía en la cual arriba están los hombres blancos, ricos, heterosexuales, y abajo están las mujeres. Ocupamos un lugar en el mundo en el cual sufrimos opresión, pero también oprimimos a los que están abajo.

Las feministas estamos escuchando todo lo que tienen que decirnos las compañeras afrofeministas, islámicas, gitanas, latinoamericanas, indígenas. Estamos entendiendo esos mecanismos de opresión para intentar relacionarnos desde una forma más horizontal, más igualitaria y en relaciones de solidaridad y empatía.

Otras formas de quererse son posibles

¿Por qué la sociedad se escandaliza con las relaciones poliamorosas y todavía se toleran las relaciones tóxicas?

Los productos culturales siguen contándonos una y otra vez el mismo rollo de la relación hetero, monógama, exclusiva y para siempre de gente joven, guapa, sana y rica en edad de reproducción. Esto empezará a cambiar cuando los medios de comunicación y las industrias de la cultura apuesten por la propia realidad, porque si seguimos ocultando nuestra maravillosa diversidad amorosa y sexual, seguiremos sufriendo. Hay muchas formas de quererse, de juntarse, de organizarse y de convivir. Simplemente se trataría de visibilizarlas todas, de no jerarquizar y de no decir que esta sí es válida y la otra no, que esta es normal y la otra anormal, que una es correcta y la otra es la equivocada.

Tenemos que ser libres del patrón del pensamiento binario y hablar de la doble moral sexual que nos tiene a las mujeres oprimidas. La infidelidad es un pecado mortal en nosotras, pero se nos vende la idea de que los hombres sí necesitan diversidad sexual y amorosa, porque lo llevan en los genes. Son todas falacias basadas en el rollo de lo que es natural o es innatural, cuando en realidad todo es patriarcal.

Debemos aprender a hacer un análisis semiótico tanto en la información como en el entretenimiento, y deberíamos aprenderlo desde pequeñas en el colegio. El patriarcado no se va a acabar mientras se sublime la violencia machista dentro del amor romántico.

Qué le dirías a una mujer que no se atreve a salir de una relación en la que sufre malos tratos

Sobre todo que no esté sola, que busque apoyo, que se desahogue, que comparta su experiencia con más gente, que busque a otras mujeres que la ayuden y la apoyen, que se tome su tiempo, que se cuide mucho y que piense en la gente que la quiere y quiere verla bien. Le diría también que no es justo que haya dos personas luchando contra ella: la persona que la maltrata y ella misma que lo permite y lo vive desde la culpa. Creo que la culpa es nuestra gran enemiga y lo que nos hace permanecer muchas veces en estas relaciones.

La culpa y la esperanza del milagro romántico nos tiene a todas bien sumisas, perdiendo mucho tiempo y energías en esa idea de que en algún momento él cambiará y todo será bonito. No es nada fácil cuando quieres a una persona y comprendes que esa persona ha sufrido mucho en su vida. Lo importante es que no nos creamos salvadoras, que no creamos que nuestro amor puede curarles y salvarles.

No es el amor lo que cambia a las personas: somos nosotros mismos los que tomamos la decisión de cambiar y buscamos ayuda profesional para ello. Las princesas Disney esperaron mucho tiempo, y nosotras no tenemos tiempo que perder: hay que apostar a la alegría y comprender que el amor no está solo en una pareja.

Necesitamos disociar esa idea que une el amor con el sufrimiento. Basta ya con eso del valle de lágrimas. El paraíso está en la tierra, y lo encontramos en las relaciones que nos nutren y nos hacen felices y mejores personas.Vamos a hacer autocrítica amorosa, transformar el mito romántico, hacer una revolución amorosa que sea feminista y esté llena de solidaridad, empatía, apoyo y amor del bueno. Otras formas de querernos son posibles.

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