El tenor uruguayo Edgardo Rocha en la Opera Nacional de Lorraine

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Con la versión de David Hermann en la dirección escénica “La italiana en Argel” de Gioachino Rossini, terminó con gran éxito la temporada operística en la Ópera Nacional de Lorraine en la ciudad de Nancy a 335 km al nord- este de Paris (Francia). El tenor Edgardo Rocha fascina al público, en el rol de Lindoro. Drama jocoso en dos actos creado en 1813 para el teatro de San Benedetto de Venecia. Una de las óperas de Rossini que conserva toda su frescura y extravagancia. Rocha se ha especializado en el repertorio bel cantista en especial el Rossiniano.

El tenor cautivó al público con gran habilidad escénica, virtuosidad y dominio vocal. Entrega toda su tesitura en el rol de Lindoro, remarcable en el aria: “Languir per una bella”. Luego de obtener el diploma de piano, estudia dirección coral y de orquesta en la Escuela de Música de la Universidad de la República. Comienza su preparación vocal con Beatriz Pazos y Raquel Pierotti. Se instala en Italia y estudia con el prestigioso tenor Salvatore Fisichella, sigue los cursos de Rossini-Master del tenor Rockwell Blake y del barítono Alessandro Corbelli.

Ha recibido varios premios en Concursos: Concurso de canto de jóvenes músicos del Uruguay, Concurso Internacional de canto, María Callas en Sao Paulo (Brasil), Concurso Giulio Neri, en Sienna, Italia y el Concurso de Primera Escena en Cesena Italia. El tenor uruguayo Edgardo Rocha radicado en la ciudad de Málaga, España, con una carrera prestigiosa y fulgurante es apreciado por su enorme talento, generosidad y simpatía.

Se ha presentado en las salas más prestigiosas del mundo, la Scala de Milán con La Gazza Ladra, Cossi fan tutte en el Teatro San Carlos de Nápoles, Il Barbiere di Siviglia en Wiener Staats-Oper, Teatro Real de Madrid, Ópera Nacional de París, Ópera de Israel, Tel Aviv, Zurich, Sevilla, Seatle, entre otros. Ha trabajado con directores escénicos como, Ettore Scola, Damiano Michieletto, Moshe Leiser, Sergio Morabito, colaborado con directores de orquesta: Giacomo Sagripanti, Riccardo Frizza, Daniele Rustioni, Bertrand de Billy, Myung-Whun, entre otros.

Edgardo Rocha es el intérprete de Don Ramiro en el film de ópera “La Canerentola” de Rossini, realizado por Andrea Andermann para la RAI, difundido en Mondovision. En 2017 interpreta Don Ramiro en “La Canerenola” de Rossini, en una gira europea en compañía de la soprano Cecilia Bartoli. El tenor mantiene una rica e intensa actividad en conciertos, en particular con el Stabat Mater de Rossini, en Trieste, en la Fenice (Venecia) y en el Festival de Saint-Denis Francia. Entrevista realizada en la ciudad de Nancy.

¿Como comenzó tu pasión por el canto lírico?

Tenía 17 o 18 años estaba en el liceo en mi ciudad natal de Rivera. Mi profesora de italiano -era italiana con raíces sicilianas- había traído un disco de los tres tenores, Plácido Domingo, Luciano Pavarotti y José Carreras, lo escuchamos para copiar la letra en italiano -estaba en 5 año humanístico- Fue mi primer contacto con el canto lírico, a partir de ese momento mi curiosidad por el canto lírico comenzó a despertar. Al año siguiente la profesora de filosofía -que era soprano- trajo un disco de Cecilia Bartoli, para explicar algo de canto o epíteto.

La profesora se enteró que tocaba el piano, me invitó a su casa para que la acompañara en el concierto que estaba preparando para presentar en la embajada italiana. Elegíamos repertorio y me pregunta que podía cantar, conocía una canción en italiano, la canté, y me dice: esto no es para mí -eres tú que la cantará- Me estimuló muchísimo, me consiguió contactos en Montevideo. Así empezó todo, en el liceo en mi ciudad natal.

¿Cuánto tiempo le dedicas al trabajo vocal?

La verdad que muy poco, es más psicológico que tiempo físico. Antes le dedicaba mucho más tiempo al estudio, es una eterna búsqueda. Hoy mi búsqueda es más interna, es más alcanzable del punto de vista psicológico.

¿Tienes una rutina?

Cuando tengo que cantar en ensayos o funciones, vocalizo normalmente 40 minutos, generalmente después de desayunar.

¿Como ha sido el trabajo con Cecilia Bartoli?

Fue mi inspiración, algo espectacular, luego de haberla escuchado en un disco, la conocí personalmente. Cuando la conocí entendí muchas cosas de la profesión. Para mí no es un trabajo, es una pasión, el trabajo es una consecuencia de la pasión. Trabajar con Cecilia es ver realmente lo que es una pasión, ella ni siquiera descansa en las pausas, para el bien del espectáculo y para el cien por ciento de fidelidad a la partitura y al compositor. Mi encuentro con ella fue un antes, y un después.

¿El encuentro con la soprano te cambió la mirada del bel canto?

Me cambió la manera de ver la carrera, se me abrió una puerta muy grande, no solo desde el punto de vista laboral, sino también desde el punto de vista de estudio, como se debe estudiar, ser más abierto, buscar dentro de uno realmente lo que queremos hacer, y no lo que queremos hacer para complacer a los demás. Hay que ser sincero con uno mismo, Cecilia Bartoli lo trasmite todo el tiempo.

¿Como fue el encuentro?

Fue muy curioso, Tenía mucha vergüenza. Después de haber escuchado el disco en la clase de filosofía, encontrarla personalmente y tener que cantar con ella, fue algo muy emocionante. Tuve que confesarle y decirle que era cantante porque había escuchado un disco de ella, y de los tres tenores, de alguna manera ella fue mi inspiración. Le pedí disculpas por ser cholulo, que en italiano se dice ruffiano- se lo dije- Fue aún más difícil para mí porque el rol de “Don Ramiro” en la ópera “La Cenerentola” es un personaje duro y tenía que maltratarla.

Te has especializado en el repertorio bel cantista en especial Rossiniano.

Si, puedo cantar ese repertorio. No me gusta etiquetarme, como rossiniano. Canto bastante Rossini y me siento muy cómodo, canto Mozart, Donizetti, Bellini, el bel canto en general. Puedo encarar muchas cosas sin ser etiquetado, basta tener una personalidad clara.

Con tu tesitura de tenor ligero ¿Cuál es el rol que te gustaría interpretar que no has hecho todavía?

Un rol que puedo hacer es Edgardo, en “Lucía di Lammermoor” de Donizetti me gustaría muchísimo, -mi sueño- sería Don Carlo de Verdi. Todo depende de la voz, se necesita un tenor muy dramático. El tenor ligero nace en el 1800, en esa época no existía el tenor, existía el bary- tenor, con una voz más generosa en el centro, pero que no subía con los agudos. El tenor ligero logra moverse en una tesitura muy aguda sin demostrar cansancio, canta con facilidad. Tiene una extensión muy grande, generalmente es de volumen reducido, justamente por esa amplitud de registro, se mueve sin problema.

Tienes una carrera prestigiosa a nivel internacional, ¿cuál es tu objetivo de carrera?

Mi objetivo es el presente. Me gusta siempre pensar en lo que estoy haciendo, le dedico el tiempo necesario. Lo que viene es consecuencia del ser sincero con uno mismo, y llegar al cien por ciento de ti mismo. Solo eso me llevará a un objetivo que hoy no lo conozco. Mi objetivo es hacer bien lo que estoy haciendo ahora. Soy consciente que me va bien, lo disfruto. No busco los aplausos. Soy partidario que la ópera termina cuando baja el telón, no tendrían que existir los aplausos.

Después que la música termina, mi trabajo terminó. Me pone muy incómodo el hecho de tener que salir para que me aplaudan, porque salgo del personaje. Tuve un encuentro con Myung-Whun Chung -gran maestro- hicimos el Stabat Mater de Rossini, y cuando salía para recibir los aplausos se trasformaba. No busco el éxito después de lo que hice, vivo el momento que lo realizo, doy lo máximo para que todo salga perfecto. Entiendo y me gustan, generan una buena sensación en el público, no son mi objetivo primordial.

¿Tus próximos conciertos?

Haré Anna Bolena de Donizetti creada en 1830, es una “opera seria” de carácter noble, lo opuesto de la ópera buffa. Muy buena y al límite del repertorio. Estaré en Salzburgo (Austria), en julio haré mi debut en Orange (Francia), será mi primer recital oficial, he hecho otros conciertos en Orange, pero no dentro de una temporada de Ópera. El recital será variado, un poco de Rossini, Zarzuelas, algo ligero, es la preparación del público para la noche de ópera.

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