#LaOtraMirada“La guerra estalla en Palestina, pero es en Palestina donde nacerá la paz”

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Presentamos un extracto del histórico discurso de Yasser Arafat del miércoles 13 de noviembre de 1974, ante la Sesión Plenaria de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas. “Esta es una ocasión muy importante. La cuestión de Palestina está siendo reexaminada por las Naciones Unidas, y consideramos que ello es una victoria para la Organización mundial, tanto como una victoria para la causa de nuestro pueblo. Se indica de nuevo que las Naciones Unidas de hoy no son las Naciones Unidas del pasado, al igual que el mundo de hoy no es el mundo de ayer. Las Naciones Unidas de hoy representan a 138 naciones, cifra que refleja más claramente la voluntad de la comunidad internacional. Así, hoy en día las Naciones Unidas es más capaz de aplicar los principios consagrados en su Carta y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, además de estar más verdaderamente facultada para apoyar las causas de la paz y la justicia. Nuestros pueblos están empezando a sentir ese cambio. Junto a ellos, los pueblos de Asia, África y América Latina también sienten el cambio. Como resultado, las Naciones Unidas adquiere una mayor estima, tanto en la vista de nuestro pueblo y en la opinión de otros pueblos. Nuestra esperanza es que el fortalecimiento de las Naciones Unidas pueda contribuir activamente a la búsqueda y el triunfo de las causas de la paz, la justicia, la libertad y la independencia. Se fortalice nuestra determinación de construir un mundo –un mundo libre de colonialismo, de imperialismo, de neocolonialismo y de racismo en cada una de sus instancias, incluyendo el sionismo. Nuestro mundo aspira a la paz, la justicia, la igualdad y la libertad. Desea que las naciones oprimidas, agobiadas bajo el peso del imperialismo, puedan ganar su libertad y su derecho a la autodeterminación. Espera que las relaciones entre las naciones se establezcan en base de igualdad, coexistencia pacífica, respeto mutuo en los asuntos internos de cada uno, asegurando la soberanía nacional, la independencia y la unidad territorial en el marco de la justicia y el beneficio mutuo. Que los lazos económicos que lo aten deben basarse en la justicia, la igualdad y el mutuo el interés. Por último aspira a dirigir sus recursos humanos contra el flagelo de la pobreza, el hambre, las enfermedades y calamidades naturales, hacia el desarrollo productivo de las capacidades científicas y técnicas para potenciar la riqueza humana–todo esto con la esperanza de reducir la disparidad entre los países en desarrollo y los países desarrollados. Pero todas esas aspiraciones no pueden realizarse en un mundo que es actualmente gobernado por tensión, injusticia, opresión, discriminación racial y explotación, un mundo también amenazado con la guerra sin fin, los desastres económicos, guerra y la crisis. Un gran número de pueblos, incluidos los de Zimbabwe, Namibia, Sudáfrica y Palestina, entre muchos otros, siguen siendo víctimas de la opresión y la violencia. Sus áreas del mundo son presa de luchas armadas provocadas por el imperialismo y la discriminación racial, ambas con toda forma de agresión y de terror. Esos son los casos de los pueblos oprimidos, obligados por circunstancias intolerables a la confrontación con tal opresión. Pero dondequiera que ese enfrentamiento se produce es legítimo y justo. Es imprescindible que la comunidad internacional apoye a estos pueblos en sus luchas, en el fomento de sus causas legítimas y en el logro de su derecho a la libre autodeterminación. (…) En sus esfuerzos por reemplazar un sistema anticuado, pero aún dominante sistema económico mundial, con un nuevo y más lógicamente racional, los países de Asia, África y América Latina, sin embargo, deben enfrentar ataques implacables sobre estos esfuerzos. Estos países han expresado sus puntos de vista en la sexta sesión extraordinaria de la Asamblea General sobre las materias primas y el desarrollo. Así, el saqueo, la explotación, el desvío de la riqueza de los pueblos empobrecidos debe terminarse inmediatamente. No debe haber ninguna disuasión a los esfuerzos de estos pueblos para desarrollar y controlar su riqueza. Además, hay una profunda necesidad de llegar a precios justos para las materias primas de estos países. (…) La carrera armamentista en todo el mundo no muestra signos de disminución. Como consecuencia, el mundo entero está amenazado con la dispersión de la riqueza y el derroche total de sus energías. La violencia armada se hace más probable que en todas partes. Esperamos que las Naciones Unidas se dediquen con gran determinación a frenar la adquisición ilimitada de armas, para evitar incluso la posibilidad de la destrucción nuclear; para reducir las enormes sumas gastadas en tecnología militar, para convertir los gastos de guerra en proyectos para el desarrollo, para aumentar la producción, y para beneficiar a la humanidad común. Y, aún así, la máxima tensión existe en nuestra parte del mundo. Allí, la entidad sionista se aferra tenazmente a los territorios árabes ocupados; el sionismo persiste en sus agresiones contra nosotros y contra nuestro territorio. Febrilmente están realizando nuevos preparativos militares. Estos anticipan otra quinta guerra de agresión que se lanzará contra nosotros. Tales signos llevan como posible visión mas cercana, que hay una probabilidad que esta guerra podría presagiar la destrucción nuclear y la aniquilación catastrófica. El mundo necesita de grandes esfuerzos, si sus aspiraciones a la paz, la justicia, la libertad, la igualdad y el desarrollo son materializarse y si su lucha es lograr la victoria sobre el colonialismo, el imperialismo, el neocolonialismo y el racismo en todas sus formas, incluyendo el sionismo. Sólo por estos esfuerzos pueden dar forma concreta a las aspiraciones de todos los pueblos, incluyendo las aspiraciones de los pueblos cuyos estados se oponen a tales esfuerzos. Este es el camino que conduce al cumplimiento de esos principios destacados por la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sin embargo, si el statu quo fuera simplemente mantenido, el mundo estaría en su lugar expuesto a un prolongado conflicto armado, además de económico, a las calamidades humanas y naturales. A pesar de las constantes crisis mundiales, incluso a pesar de los poderes sombríos del atraso y del desastroso mal, vivimos en una época de cambio glorioso. Un viejo orden mundial se está desmoronando ante nuestros ojos, como el imperialismo, el colonialismo, el neocolonialismo y el racismo, cuya principal forma es el sionismo, inevitablemente perece. Tenemos el privilegio de poder presenciar una gran ola de la historia, que lleva a los pueblos adelante en un nuevo mundo que ellos han creado. En ese mundo las causas justas triunfarán. De eso estamos seguros. La cuestión de Palestina pertenece a esta perspectiva de aparición y lucha. Palestina es crucial entre los que lucharon sin descanso por esas causas justas de las masas trabajadoras bajo el imperialismo y la agresión. No puede ser, y no se pierde en mí hoy, como estoy aquí ante la Asamblea General, que si me ha dado la oportunidad de dirigirme ante la Asamblea General, también debe dar la oportunidad a todos los movimientos de liberación que luchan contra el racismo y el imperialismo. En su nombre, en nombre de todos los seres humanos que luchan por la libertad y la autodeterminación, hago un llamamiento a la Asamblea General con carácter urgente, para dar a sus justas causas de la misma atención plena que la Asamblea General ha dado con toda razón a nuestra causa. Cuando dichos reconocimientos sean hechos, a partir de entonces habrá una base segura para la preservación de la paz universal. Porque sólo con esa paz, un nuevo orden mundial perdurará, en el cual los pueblos puedan vivir libres sin el miedo de la opresión, el terror y la supresión de sus derechos. Como he dicho antes, esta es la verdadera perspectiva en que se puede establecer la cuestión de Palestina. Ahora voy a hacerlo para la Asamblea General, teniendo muy en cuenta tanto la perspectiva y el objetivo de un próximo orden mundial que viene. Aún cuando hoy nos dirigimos a la Asamblea General, que es ante todo una tribuna internacional, también estamos expresando nuestra fe en la lucha política y diplomática como complementos de nuestra lucha armada. Además, expresamos nuestro agradecimiento por el papel que la ONU es capaz de jugar en la solución de problemas de alcance internacional. Pero esta capacidad, dije hace un momento, se convirtió en real sólo una vez que la ONU ha atendido a la realidad de vida que aspiran los pueblos, hacia los cuales una organización de una dimensión verdaderamente internacional tiene obligaciones únicas. (…) Hoy he venido portando una rama de olivo en una mano y el arma de un luchador por la libertad en la otra. No dejen que caiga de mi mano el ramo de olivo. Repito: no dejen que caiga de min mano la rama de olivo. La guerra estalla en Palestina, pero es en Palestina donde nacerá la paz”.

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