#IdearioLas “almeyradas” de Guillermo Almeyra

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Hace pocos días, este periódico publicó un artículo que circuló en una multiplicidad de medios del escritor argentino (troskista), Guillermo Almeyra. El mismo se titula: “¿Dónde estamos actualmente?”, y abunda acerca del verdadero sentido de la victoria de Andrés Manuel López Obrador.

En el escrito podemos leer: “En esta guerra de maniobras pesa en favor del gran capital el hecho de que el 1º de julio todos los votantes (salvo un puñado que anuló su voto) lo hicieron por partidos que quieren conservar intacto el sistema o, en el mejor de los casos, reformarlo para que funcione más eficazmente. Nadie puso en cuestión la explotación del trabajo ajeno que a todos les parece natural”.

¿Las elecciones en México giraban en torno a un debate entre capitalistas y no capitalistas, o más bien se trataba de la reconstrucción republicana? He escrito muchas veces que la izquierda extravió su eje que es la lucha en contra del capital, pero, ¿Andrés Manuel es izquierdista? Seguramente, Almeyra perdió la brújula hace tiempo y se subió a un pedestal desde donde juzga sin tomar en cuenta la realidad. En este caso, relativizar la victoria de Andrés Manuel le permite ingresar a una pléyade de medios a los que previamente no tenía acceso.

Más adelante apunta: “Los mexicanos, en su inmensa mayoría, aún confían en el Estado, buscan reformas y no una revolución y creen posible un capitalismo “bueno”, democrático, más justo”. E inmediatamente después, afirma: “Con eso cuenta la gran burguesía para intentar colonizar desde adentro al gobierno futuro y cooptarlo porque ella comparte con el presidente que debería instalarse en diciembre y con Morena no sólo los valores capitalistas y la confianza en las instituciones del capital sino también la aceptación plena de este capitalismo dirigido por el capital financiero internacional”.

Insiste en ver en AMLO a un político izquierdista en vías de corromperse o gerencializarse, cosa que negamos rotundamente. El error es común cuando, a partir de los noventa, se procesó la derrota del socialismo. Desde esa coyuntura, todo lo que suena a popular es izquierda: los defensores de Derechos Humanos, las feministas y quienes luchan por la democracia en países como Honduras.

Andrés Manuel es un ex priísta formado en los principios de la Revolución Mexicana y profundamente anti-neoliberal. Coherente con esa posición se adhirió a la Corriente Democrática, grupo priísta encabezado por Ing. Cuauthémoc Cárdenas Solórzano (1987) que se salió de ese instituto político cuando el presidente Miguel de la Madrid designó al más conspicuo neoliberal para sucederlo, es decir, a Carlos Salinas de Gortari. La citada Corriente Democrática y la izquierda pro-socialista conformaron el Frente Democrático Nacional, que a la postre se convirtió en el PRD, hoy totalmente descompuesto.

Seamos claros, AMLO pregona -acertadamente- que a México se lo apropió una mafia, la que llevó al país al total descalabro. Su idea fundamental no es hacer una revolución anti-capitalista, sino recomponer a México en tanto Estado independiente. En ese afán, empezará por finiquitar la guerra polifacética que le costó a la Nación 250 mil muertos más 36 mil desaparecidos y en especial, la corrupción, con sus distintos rostros: 1) la enraizada en el aparato del gobierno que representa 500 mil millones de pesos anuales y 2) la subsistente entre el gobierno y los contratistas, esto es, permisos ilegales, sobreprecios, compras innecesarias… En esta extendida cueva de ladrones, lo que impera es la impunidad.

Poner el país de pie no significa preservar el sistema económico imperante como eje de su gestión, sino dejar de ser una colonia norteamericana donde el 75% de la gente teme salir a la calle. En opinión del futuro presidente, lo principal es defender lo logrado históricamente que es la República (en la actualidad se experimenta el retorno sin freno al siglo XIX), he ahí la razón de haber ganado el voto mayoritario. Si bien muchos no sufragaron por él (casi 40% de abstención, 43% de votos adversos a Morena más los votos anulados), lo cierto es que superar el fraude y lograr ser el primer dignatario popular desde hace muchas décadas, es suficiente para considerar su triunfo uno del pueblo mexicano.

Además, Almeyra se olvida de apuntar (recordemos que él y su suegro Adolfo Gilly son hostiles al tabasqueño) la recomposición del tinglado político. En efecto, el PRD prácticamente desapareció, pasó de lograr el 33% en 2012 al 3% del electorado en 2018. En la misma línea, el PRI quedó mortalmente herido tras alcanzar un 16% de los cuales, al menos 40% son votos comprados o producto de la coerción, asimismo, el PAN (derecha aliada al PRD) consiguió un 23% de ellos, un 30% fueron votos comprados u obligados en los estados en que gobernaba (Guanajuato, Querétaro, Veracruz, sobre todo en Puebla aún en disputa). El problema del PAN se presenta en el intento de reencauzar el partido en un mar agitado a causa de las distintas facciones que practican el canibalismo. En tal sentido, la única organización en pie es Morena y a cómo van las cosas, lo será por largo rato. ¿Esto -al parecer del argentino- es capitalismo bueno o malo?

También es necesario mencionar otro olvido del escritor, poner sobre la mesa las dificultades que enfrentará el virtual presidente empeñado en reconstruir el país, una de ellas, los juicios de grandes analistas que derrochando cacumen, arrojan leña al fuego.

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