Manuel Rosé en el Museo Nacional de Artes VisualesLas creaciones de un pintor optimista llegaron al MNAV

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Hasta el 5 de agosto, las salas 1 y 3 del Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) tiene en exposición una imperdible colección de pinturas de Manuel Rosé.

Según reseñó Marcel Suárez, Rosé fue pintor de una época “básicamente optimista del Uruguay, pujante, orgullosa de su pasado y que apostaba a un próspero futuro que no llegó a consolidarse. Murió en los comienzos del declive de la «prosperidad frágil» de un país que se creía libre de las peripecias adversas que vivía la región.

La nueva coyuntura histórica predispuso y estimuló a los artistas, a la crítica y al público a valorar expresiones plásticas más transgresoras, en el sentido más amplio del término”, cuenta. “Luego de muchas décadas de paulatino olvido, la sensibilidad plural del presente nos permite recordar, recuperar, apreciar con ojos nuevos y valorar las pinturas de Manuel Rosé. La existencia en el MNAV de un importante acervo de este pintor permite reencontrar al viejo maestro con el público del Siglo XXI, y reubicarlo en la historia del arte de nuestro país, así como en la memoria y en la identidad colectiva de los uruguayos”.

Las obras de Manuel Rosé podrán visitarse con entrada libre y gratuita en Tomás Giribaldi 2283 esq. Julio Herrera y Reissig (Parque Rodó) de martes a domingo de 13:00 a 20:00 horas.

Sobre la obra de Rosé, el escultor uruguayo Ramón Cuadra señaló: “El manejo del color es lo que hace a su pintura. Los colores complementarios se funden en una extraña armonía y se vuelven homogeneizados por el violeta o el azul, que siempre están presente en su gama tonal, sin otro motivo que alinear plásticamente el rico juego de matices.

Es el pintor de la luz en los grandes contrastes. Luces y sombras juegan en sus cuadros el preponderante papel del ensamble cromático.

Pintó temas prosaicos y cotidianos, encerrándolos en un clima de nobleza, jardines, circos, paisajes, hasta cuadros de corte historicista.

Claro tenemos que todos sus temas no obviaron la representación, sino que en ella encontró el disparador que le permitió adentrarse en su propio mundo de pintor”, expresó.

“Su presencia fue siempre un magisterio en aquellos días que las vanguardias cruzaban el océano. Si bien él fue un vanguardista, no sintió la necesidad de introducir en su modalidad ninguna nueva experiencia del entrado siglo xx, y ajenas les fueron las investigaciones de algunos y los movimientos de otros.

Le bastó su formación, el encuentro con su propio lenguaje en aquellos primeros días del pasado siglo; y creyó en sus principios, los que mantuvo y defendió con lealtad y suficiencia, hasta el último día de su vida.

Su fuerte personalidad le permitió afianzarse en su credo; y en la discusión de sus conceptos mostró siempre la firmeza y el respeto a la verdad que profesaba.

Si podemos hablar de los variados temas que encara su pintura, de la acertada resolución, en los cuadros de pequeñas y grandes dimensiones, lo que diferencia esencialmente a este pintor de otros con características semejantes es la creación del «clima» donde se desarrolla cada uno de los motivos de sus telas.

Rosé fue eso, un pintor de «climas»; sus cuadros tienen el tratamiento necesario para transformar el tiempo en una armonía que plásticamente se vuelve pintura. De ahí, su tan variada producción.Porque, en definitiva, el tema no es más que el pretexto para crear, haciendo vivir la magia de un mundo donde la obra, el artista y el espectador se ganan el uno al otro”.

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