#OpiniónLos periodistas

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Lindo oficio el del periodismo. Si qué hermoso, pero a la vez peligroso. Desaparecieron el 26 de marzo tres periodistas del diario El Comercio de Ecuador. Ellos son el periodista Javier Ortega, el fotógrafo Paul Rivas y el chofer Efraín Serraga. Su secuestro se produjo en la población de Mataje, provincia de Esmeralda, Ecuador, en la frontera con Colombia. Aparentemente fueron secuestrados por grupos de narcotraficantes que operan en la zona. A 20 días de su secuestro, Vicente Ordoñez, ex presidente de la Unión Nacional de Periodistas, llamó a una concentración en la Plaza Grande, en el centro de Quito, para reclamar por la vida de los colegas. Fotos difundidas entre el 11 y 12 de abril mostraban tres cadáveres cuyos rasgos podían coincidir con el de los secuestrados. Este equipo de periodistas estaba investigando hechos violentos que se estaban registrando en la frontera con Colombia. La actual presidenta de UNP de Ecuador, Guadalupe Fierro, acusó a los presidentes de Ecuador y Colombia de “lavarse las manos, desde el mismo momento de la desaparición de nuestros colegas”. Además solicitan transparencia informativa de lo que se está realizando para su aparición con vida. Al parecer el equipo estaba investigando enfrentamientos armados que se suceden en la zona limítrofe con Colombia, donde ya han muerto más de cuatro marines ecuatorianos. El comandante en jefe del Ejército Edison Narváez escribió una proclama donde entre otras cosas dijo: “La patria vive momentos difíciles, en los que grupos de delincuentes han querido tomar una zona de la provincia de Esmeralda, queriendo mermar la moral nacional, pero no lo lograrán”. Periodistas colombianos, unos ochenta, se reunieron en la ciudad de Pasto, en la frontera junto a Ecuador, para pedir “por el esclarecimiento y que digan la verdad sobre lo que realmente, pasó con los trabajadores del diario El Comercial.” El Gobierno colombiano envió a Ecuador a su ministro de Defensa, al jefe de Policía y al comandante en jefe del Ejército, todos juntos estudiarán como reprimir al movimiento del narcotráfico en la frontera, de ambos países. EEUU ya prometió aviones y helicópteros artillados, “para combatir a estos asesinos que matan periodistas y civiles inocentes”. Lo único que llama un poco la atención de muchos es por qué tanta preocupación, ¿más que nada por parte de los gobiernos de EEUU y de Colombia? ¿Por qué de inmediato se propone bombardear zonas en Ecuador, cuando fueron asesinados en Colombia? Muchas dudas y con la DEA de por medio… Según Reporteros Sin Fronteras, en los últimos 15 años fueron asesinados 1.035 periodistas profesionales o sea unos 70 por año. Los años con más asesinatos fueron 2007 y 2011 con 88 asesinatos, el 2017 en más bajo con 50, que en realidad son 65, pues siete eran periodistas ciudadanos y ocho colaboradores de los medios de comunicación. De ellos 55 eran hombres y 10 mujeres, 35 fueron asesinados en zona de combate y 30 en “zona de Paz”, buscando información. O sea para el periodista, serio, el que realmente quiere informar NO hay zona de paz o de guerra, es lo mismo, el peligro de muerte está a la vuelta de cada esquina. RSF en su informe oficial de 2017, dice que Siria, país en guerra fueron muertos 12 periodistas, en el frente de batalla, en atentados con bombas o en los bombardeos realizados por uno u otro bando. Lo que no resulta entendible que el segundo país con más periodista sean asesinados sea México, pues este país, es un país de paz y sin embargo asesinaron a 11. Han transcurrido en algunos casos más de un año y nada se sabe de los asesinos. La mayor parte, por no decir todos, están relacionados con periodistas que investigaban casos del narcotráfico y corrupción en los medios gubernamentales, incluidos los mandos policiales, militares y aún a la propia familia del Presidente de la República. Uno de los casos más tétricos y alarmantes es el asesinato cometido el 15 de mayo del pasado año, cuando Javier Valdez de 50 años, fue ejecutado en Culiacán en el estado de Sinaloa, se dice por el narcotráfico. El estaba investigando, las conexiones que había entre las drogas, el periodismo, los militares y funcionarios gubernamentales. Autor de varios libros, sobre el narcotráfico que ganaron premios internacionales, periodista independiente que trabajaba para varios diarios mexicanos y la agencia FP lo siguieron a la salida del diario local La Jornada, era medio día, lo hicieron bajar de su coche, lo arrodillaron y le efectuaron unos 10 disparos. Su último libro: “El narco-periodismo”, es justamente sobre las peripecias que sufren los periodistas cuando investigan hechos sobre los narcos. Casi la totalidad de los cientos de crímenes que se suceden en México quedan impunes, frutos de la gran corrupción existente en la policía, el ejército y en el gobierno. Casualidad o no, las cámaras de video de la zona no funcionaba ninguna. Hasta el día de hoy nada se sabe. Otro crimen de periodista que tampoco nada se sabe es el de Daphne Caruaga, de Malta. Fue asesinada a las tres de la tarde, el 16 de octubre del pasado año. El método fue volar su auto con una fuerte carga explosiva, un título sobre esto es “su auto quedó hecho polvo”. Esta periodista fue asesinada después que denunciara casos de corrupción, tráfico ilegal de personas, sobornos a funcionarios públicos, cuentas off shore del primer ministro Joseph Muscaf y todo su entorno, incluida su esposa, que los involucraba cuando se destapó los “Papeles de Panamá”. Se detuvo a varias personas y nunca pasó nada. Algunos gobiernos pidieron el esclarecimiento de los hechos, pero ahí sigue. Otros periodistas que sufren una represión feroz son los palestinos, en este mes asesinaron a Yasir Murtaya, de 30 años, cubría la “marcha de los viernes”. El periodista ya había sido detenido en 2015 y no solo le rompieron la máquina de fotos sino que le dieron una furibunda paliza. De esto la gran prensa nada dice. La pregunta que sigue en pie es: ¿por qué EEUU se ofrece a bombardear zonas de Ecuador y Colombia para “descubrir” esos asesinatos? “El periodismo, el verdadero, es una profesión que solo tiene un maestro: la búsqueda de la verdad, y en particular, la voluntad de verificar a través de la investigación y la fuerza de los hechos que las palabras se respetan, las leyes se aplican, las libertades se garantizan, es decir que se preserva la democracia. ¿Esto es palabrerío? No, es difícil. Incluso mortal”. Beatrice Delvaux – Belgica Le Soir

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