#OpiniónLula Libre

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El pasado 3 de agosto fue lanzada la “Marcha Nacional Lula Libre”. Una gran movilización que busca desactivar una estrategia política devenida en sentencia judicial por los operadores locales de Brasil, que mantiene a Lula, la persona con más apoyo y popularidad en ese país, preso.

Quienes lo sentenciaron; tanto los integrantes del poder judicial como del poder político, están acusados de corrupción y varios de ellos, más que acusados, comprobadamente involucrados.

Esta gran movilización es apoyada por una diversidad de organizaciones políticas y sociales, entre ellas el Frente Brasil Popular y el MST. Movimiento que si bien criticó algunas medidas de los gobiernos del PT, plantean la actual situación como un claro golpe de estado y un retroceso para las conquistas sociales.

Además de reclamar la libertad de Lula, la movilización pretende evidenciar la tremenda crisis política y económica que atraviesa Brasil desde que la derecha retomó el control del gobierno luego de la desprolija, injusta y premeditada destitución de Dilma.

Con Temer en el poder, estos meses le bastaron y sobraron para reinstalar la agenda neoliberal; destrozando conquistas y leyes laborales, frenando los avances en materia educativa y desmantelando los planes sociales.

Esta restauración del modelo neoliberal, ahora profundizado que pretende la derecha, que lo viene haciendo en Argentina, en Brasil, en Chile va de la mano de un reordenamiento de la economía mundial, y con la necesidad de frenar el avance de proyectos que favorecían a los más pobres en este continente.

En definitiva, el mayor pecado que no le perdonan a Lula fue incluir a casi 40 millones de brasilero/as a Brasil (vaya paradoja). Y no fue que los devolvió al país porque estaban en otras tierras. Los devolvió porque estaban allí, al lado de todos y nadie lo sabía, nadie los veía. Lula les permitió acceder a 3 platos de comida diarios. Para muchos, esto puede ser mínimo, puede ser inentendible.

Pero sabemos que las sociedades capitalistas expresadas en el tercer mundo, se basan en la exclusión, en la miseria, en la desesperanza, en la muerte.

Los niños y las mujeres son las víctimas principales en el proyecto neoliberal. La pobreza en nuestras sociedades tiene rostro de mujer y de niños.

Lula también les permitió llegar a la universidad. ¡Cómo pretende un obrero metalúrgico, sin linaje de político clásico, dar esas posibilidades! ¿Acaso hay que aguantar que ahora en las universidades vayan los pobres de Brasil? ¿Hay que soportar ahora que una niña nacida en un barrio pobre, de la periferia de las ciudades, pueda darse el lujo de llegar a la Universidad? ¿Acaso ahora deben poder leer los mismos libros? ¿Escuchar a los mismos profesores? ¿Ahora pueden criticar, ahora pueden decir su palabra?… Esto jamás será perdonando por la derecha de Brasil.

Recuerdo a muchos compañeros quejarse acá, en Uruguay, cuando se encontraban que debían esperar más tiempo y compartir salas de espera en su mutualista con quienes ahora tenían acceso por el Fonasa a elegir cualquier servicio médico.

La Marcha Nacional Lula Libre tiene previsto llegar el 15 de agosto a Brasilia, capital del país. Último día para registrar las candidaturas que disputarán las elecciones presidenciales de 2018.

A la espera de lo que suceda en Brasil, es buena cosa mirar nuestro país. Asumirnos como parte del continente más desigual del mundo. Asumirnos también como un territorio en disputa con la derecha. No somos una excepción, no estamos aislados y las mismas dinámicas y operaciones que sucedieron en la región están presentes acá.

Y aún con un montón de cosas que nos quedan por hacer, la lucha contra la pobreza fue un puntal en los gobiernos del Frente Amplio, desde 2005 hasta ahora. La reducción histórica de la pobreza y la indigencia, el ingreso de una cantidad importante de estudiantes universitarios que son la primera generación en sus familias que acceden a la Universidad, el Sistema Integrado de Salud, ahora el Sistema de Cuidados, el cambio en la matriz energética, avances sustantivos en sectores históricamente sometidos como el trabajo rural y el doméstico… podríamos seguir.

Fundamental es colocar los objetivos y el compromiso histórico que tenemos con una porción aún importante de nuestro pueblo que está en situaciones complicadas. Ahí debe estar nuestro desvelo, para sentirnos parte de una sociedad digna, integrada, inclusiva, debemos asegurar que nadie más, ningún uruguayo esté en situación de pobreza. Por un mandato ético y por la riqueza que tiene nuestra tierra para sostenernos a todos.

No hay candidato/a más importante en las filas del Frente Amplio que el imperativo de terminar con la pobreza, de permitir que todos los gurises puedan ingresar a la Universidad y que las mujeres puedan caminar por donde quieran y como quieran sin tener que sentir el acoso y el patriarcado día tras día.

Algunos dirigentes de la oposición, acá en Uruguay, se andan paseando prometiendo lo que no tienen para conseguir algún que otro voto. Sin otro proyecto que no sea llegar al gobierno para hacer lo mismo que están haciendo en Argentina y Brasil.

La historia es indulgente con los errores cometidos pero no con las mentiras, aunque estas demoren en destaparse, al fin al cabo, se destapan.

La batalla del pueblo de Brasil es parte de nuestra batalla, no estamos ajenos. No estemos ajenos. Sentirnos cerca, aunque sea a través de estar informados es bastante y es necesario. Sentir que el otro no es ajeno. Sentirnos un poco más cerca de nuestra América, aunque nuestros apellidos estén más cerca de Europa. Por eso, la batalla (y la suerte) de Lula es la de los pobres de Brasil y de América.

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