#OpiniónMedios, movimientos y lucha social

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La semana uruguaya que culmina, transcurrió con más de una efeméride que junto con la evocación de momentos históricos, reavivan la necesidad de protagonismo de los sucesores de aquellos actores sociales, políticos y comunicacionales conmemorados. La reapropiación crítica de los viejos horizontes y anhelos, el reencuentro con las huellas de trabajosas -y hasta luctuosas- batallas, resulta cada vez más acuciante ante el escurrimiento sistemáticode variadas conquistas sociales en Sudamérica a partir del retorno de las derechas al poder.

Obviamente la referencia al 1° de mayose presenta ineludible, donde el movimiento sindical organizado de este país, continúa dando muestras de voluntad combativa y capacidad de organización, a pesar de la atonía social y la desmovilización, e inclusive de la aún postergada distribución más igualitaria de la representación, particularmente de género. No es el único país en el mundo por cierto, pero contrasta palmariamente en el continente con los EEUU y Canadá.Ni siquiera en la ciudad de Chicago se recuerda a los mártires que dieron lugar a los homenajes que desigualmente se les prodiga en el mundo. Ni menos aún a las razones de sus luchas que no sólo no han perdido vigencia sino que se presentan más urgentes aún.

Pero además esta semana se recuerdan los 30 años de la salida de este diario, como instrumento comunicacional de masas, de apoyo e insumo reflexivo para la conquista de mejores condiciones materiales y simbólicas de vida de los más sumergidos. Y -dicho sea de paso- en unos meses más los también 30 años de su suplemento feminista semanal. A simple vista, podrían parecer conmemoraciones estancas. Sin embargo, la lucha ideológica y cultural, las luchas sociales de toda laya, sindicales y las conquistas parciales que puedan lograrse se encuentran tan emparentadas que me resulta inconcebible abordar una sin las otras.Tanto como las amenazas regresivas en cada esfera de la vida social tienden a imbricarse en los diversos campos de batalla.

Las trincheras y barricadas se despliegan por cada poro de la sociedad.El objetivo de las derechas será lograr que su propia ideología impregne el sentido común de la sociedad y que sus intereses se reconozcan como de toda la nación para lo cual se requiere de medios diversificados de intervención. Inversamente, para resistirla y profundizar las conquistas, aún las más elementales, es indispensable retomar la traza de los fundadores, recrearla con nuevos lenguajes, formas, confrontación de ideas y metodologías, ya que de lo contario el camino regresivo se encuentra asegurado.

Los caminos tácticos de la rearticulación derechista se diversifican según una compleja orientación ante cada una de las condiciones históricas locales y la cultura política particular de cada país. Sin embargo, el horizonte estratégico es común. La primera condición es la convergencia aliancista de las múltiples variantes. No exclusivamente política sino también social, o en otros términos, la búsqueda de atracción electoral o más ampliamente ideológica de los estratos sociales postergados. La apuesta es por la polarización, condimentada con particular cuidado mediante estigmatizaciones y caricaturas de las izquierdas o progresismos. El principal auxilio para tal propósito es la batalla mediática y político-cultural.

En un artículo aquí mismo, del domingo 21 de abril de 2013, cuando aún estaban instalados varios gobiernos progresistas en el subcontinente, sostuve que “los riesgos de un retorno al peor pasado neoliberal son tan factibles como la parálisis y la desmovilización ante lo poco o mucho logrado. No quiero con esto, desalentar crítica alguna a las diferentes experiencias. Por el contrario, creo que son indispensables para sostener y profundizar las conquistas”. Tal panorama pesimista de entonces es hoy una dolorosa realidad, a excepción quizás de Bolivia y Uruguay.

Pero en el caso uruguayo, para poner un ejemplo, creo entrever precisamente el intento de articulación de la estrategia que intenté sintetizar a través del movimiento de “autoconvocados” también autodenominado “un solo Uruguay”. Una movilización casi idéntica a la que protagonizaron los terratenientes argentinos en 2008 para confrontar con algunas tibias medidas fiscales del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. El sólo hecho de hablar del “campo” como unidad social para países cuasi feudalizados por latifundios rentistas o de “un solo” país, cuando las sociedades capitalistas se reproducen atravesadas por enormes desigualdades no ya de clase sino inclusive de capas sociales y formas de propiedad al interior de ellas, evidencia la intención ideológica omisiva.

El progresismo uruguayo no pudo superar aún la primarización de su economía como mecanismo de inserción en el mercado mundial es decir como proveedor de materias primas y alimentos de forma tal que su dependencia del precio de los commodities lo sitúa en un lugar acotado y hasta vulnerable para poder distribuir el ingreso cuando el ciclo recesivo internacional constriñe los precios acotando los márgenes de ganancia del capital agrario. Un estudio actualizado de Gabriel Oyhantçabal y Martín Sanguinetti, expone con precisión la apropiación rentista de los dueños de la tierra (un recurso finito, monopolizable e irreproducible) en detrimento de los asalariados, aún durante crisis como la del 2002, además de haberse enriquecido durante todo el período de boom expansivo hasta el año 2014.La primera conclusión es que los grandes beneficiarios pasados y actuales resultan los terratenientes o dueños del suelo de manera excluyente, constante e independiente de las condiciones de los avatares del mercado mundial.

Entre ellos se encuentran los que a la vez son capitalistas agrarios que se apropian de la renta, aunque ven oscilante sus ganancias en función de los avatares del mercado. Luego aquellos capitalistas que son arrendatarios cuya plusvalía está condicionada no sólo por los precios internacionales de su producción sino por la relación entre estos y la renta que deben pagar a los terratenientes. Por último, la producción familiar o de pequeña escala que bien puede ser propietaria del suelo pero cuya renta resulta insignificante y dependen del mercado y del propio trabajo para la subsistencia. En Uruguay, además, existe una pequeña apropiación de renta por el Estado a través de la propiedad directa del Instituto Nacional de Colonización (INC) o de eventuales aunque tímidas políticas tributarias.

La amenaza para el progresismo uruguayo no se encuentra en las contrarreformas propuestas que constituyen un combo previsible y remanido de políticas regresivas en materia fiscal, cambiaria o de legislación laboral, sino en la tracción que puedan tener en el campo ideológico y eventualmente electoral sobre los productores pequeños y familiares, sobre los trabajadores rurales y los aún desamparados de políticas sociales. La continuidad del modelo primarizado conjuntamente con las transformaciones tecnológicas de la producción agraria no produjo más que expulsión de pequeños productores hacia la precariedad urbana, la pérdida de variedad agrícola y biodiversidad, además de concentración de la tierra.

Crecientes monocultivos como la soja transgénica (con su consecuente dependencia de semillas y plaguicidas de producción monopólica internacional) o las forestaciones de eucaliptos que fueron creciendo desde la década del 90 hasta llegar a ocupar inclusive tierras antiguamente destinadas a la producción de alimentos, profundizan el parasitismo y condicionan las políticas sociales.

30 años atrás surgía este diario retomando la huella de las variadas y censuradas publicaciones antecesoras de los años ´60 y ´70 que contribuyeron a la construcción de una herramienta política de izquierda y progresista como el FA. Y lo hacía sin reproducciones regurgitantes sino con pretensiones de abrir nuevos lenguajes comunicacionales, hacia nuevos actores sociales y nuevas perspectivas de lucha. Particularmente las del movimiento obrero y el feminista que avizoraba nuevos horizontes. Retomaba el camino a través de una imagen de pluralismo productivo y multivariedad de pensamientos como además exigían las condiciones posdictatoriales de construcción de una herramienta política de poder que finalmente comenzara -aún tibiamente- a transformar el país.

No se trata de que en sus mejores tiempos careciera de dificultades, de ambigüedades u obturaciones sobreel discurrir reflexivo. Pero logró construir un ambiente de optimismo crítico y de fuertes creencias sobre el papel relevante de la política y el desdoblamiento interrogativo de las luchas sociales, aunque -no es grato admitirlo- en los últimos años ha venido perdiendo en gran medida el impulso de su aventura intelectual, política y transformadora. Las transformaciones tecnológicas de la comunicación humana tal vez han contribuido a la dispersión.No obstante, la defensa de conquistas presentes y avance sobre nuevos derechos exige recrear una alianza extendida entre fuerza política, movimientos sociales y medios de comunicación.

Recrear la tradición mediática creativa y la audacia propositiva al servicio de mujeres, trabajadores, jóvenes y desheredados, no sólo permitirá rendir homenaje a sus precursores sino fundamentalmente evitar que la historia la vuelvan a escribir los mismos privilegiados. Aquellos de siempre.

Jamás para siempre.

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