#OpiniónRotundo fracaso del modelo neoliberal

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La constatación del estrepitoso fracaso del modelo neoliberal en su versión más salvaje e irracional es la experiencia de gobierno del derechista Mauricio Macri en Argentina, que debería convocar a una profunda reflexión a más de un votante uruguayo indeciso.

En efecto, bastó una mera turbulencia de la economía internacional de las que tanto abundan, para que la surrealista fábula montada por el PRO, la coalición Cambiemos y sus medios obsecuentes se derrumbara como un castillo de naipes.

El corolario fue que, pese a las políticas hambreadoras impuestas desde la Casa Rosada con inflaciones de dos dígitos y caídas de subsidios a los servicios públicos, el gobierno conservador del vecino país debió arrodillarse ante el Fondo Monetario Internacional.

En un abrir y cerrar de ojos, el espejismo de un país productivo que trascendiera el statu quo kirchnerista se difuminó rápidamente en el horizonte, pese a la campaña mediática que colonizó a los argentinos y demonizó el pasado para sostener la falacia institucionalizada del oficialismo.

Luego de las medidas draconianas aplicadas en sus dos primeros años de gobierno, convenientemente camufladas por el relato oficial sostenido por las grandes empresas de comunicación, fue el propio mercado el que le dio la espalda a Mauricio Macri.

En efecto, la previsible corrección al alza de las tasas de interés en dólares decretada por la Reserva Federal estadounidense que también impactó en nuestro país, sumada a otros factores exógenos y endógenos, provocó una demoledora devaluación que sacudió intensamente a la economía argentina.

Pese a las políticas de desregulación aplicadas por la administración macrista, los agentes financieros se refugiaron en el dólar por la falta de confianza en un modelo que presenta una extrema vulnerabilidad.

Esas políticas pro mercado que emulan la herencia maldita del menemismo que culminó con la pesadillesca crisis y el estallido social de 2001, no lograron sustentarse en el tiempo.

En el primer tercio del gobierno, la caída de los subsidios a las tarifas públicas provocó un aumento de los servicios del entorno del 1.600%. Obviamente, ese auténtico desaguisado tuvo su correspondiente correlato en una inflación galopante que, según se estima, este año trepará al 30%, casi cuatro veces el IPC (Índice de precios al Consumo) de Uruguay.

Uno de los factores coadyuvantes para esta escalada de precios, además de la sequía que también nos afecta, es una devaluación acumulada en lo que va del año del entorno del 35%.

Otro síntoma de que Argentina comienza a ingresar en un nuevo tobogán de recesión por las políticas regresivas de cuño neoliberal, es que las estimaciones más optimistas calculan el crecimiento de la economía para este año en un magro 0,5%.

¿Qué dirá la derecha uruguaya blanqui-colorada que cantó loas cuando Mauricio Macri y su coalición derechista ganó las elecciones?

Empero, lo que seguramente agravará la situación son las perversas consecuencias derivadas al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, que ya puso en marcha un crédito de 50.000 millones de dólares como parte de un programa de asistencia de treinta y seis meses.

De la mera lectura de los términos contenidos en la Carta Intención rubricada con el organismo multilateral de crédito, se infiere que la naturaleza del FMI no se ha modificado ni un ápice de lo que es su propia historia.

Obviamente, el otorgamiento del cuantioso préstamo condicionará la política económica de Argentina de los próximos años y la condenará, inexorablemente, a cumplir a rajatabla con las tradicionales recetas fondomonetaristas.

A partir de esta decisión, el país volverá a perder su soberanía y deberá someterse a los dictados y las auditorias del FMI, que suelen ser tan estrictas como implacables.

Según el documento firmado, el gobierno argentino se compromete a recortar drásticamente el gasto en obra pública lo cual seguramente impactará negativamente sobre el marcado de trabajo, a limitar radicalmente las transferencias monetarias a las provincias, a seguir reduciendo los subsidios a los servicios públicos, a abatir las erogaciones salariales en el Estado y a ajustar el sistema de seguridad social.

Estas medidas deberían converger a un sustantivo abatimiento del déficit fiscal, pero a costa de recesión económica, políticas hambreadoras y una pobreza que ya supera el 29%.

Según la propia Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde -que en lo sucesivo será una suerte de ministra de economía argentina entre bambalinas- el propósito de este paquete de medidas es “restablecer la confianza de los mercados”.

En efecto, ese es el único propósito de un organismo de crédito que siempre ha sido un mero instrumento al servicio de los intereses del gran capital y del imperialismo económico digitado y manipulado desde los grandes centros de poder.

Así de sincera es la funcionaria del FMI, que, más allá de su mero discurso protocolar, con su lenguaje si se quiere algo subliminal trasunta las aviesas intenciones que encubre la ayuda financiera dispensada a la vecina nación del Plata.

El pecado capital del gobierno argentino encabezado por el inefable Mauricio Macri al retornar a su país bajo la égida del Fondo Monetario Internacional, supone una suerte de tragedia para todos los argentinos.

Es, obviamente, un artero ataque a la autodeterminación de un país recurrentemente saqueado y ultrajado por los bucaneros del capital financiero internacional, que hace doce años se sacudió la dependencia respecto a este auténtico gendarme financiero.

Como se recordará, en 2006 el por entonces presidente justicialista Néstor Kirchner dispuso la cancelación de una cuantiosa deuda de más de nueve mil millones de dólares, con un ahorro de intereses estimado en más de mil millones de dólares.

Esta suerte de rebelión supuso que el gobierno de la época comenzó a disponer libremente de sus recursos, destinándoles a atender las reales prioridades sin consultar a los usureros inquisidores del FMI.

Como se recordará, otro tanto sucedió en Uruguay, cuando el gobierno frenteamplista dispuso cancelar su propia deuda y también recuperar buena parte de la soberanía nacional, que le permitió encarar inversiones en las áreas estratégicamente más sensibles y de mayor peso social, sin tener que consultar previamente a los auditores del Fondo.

La delicada situación económica de la hermana Argentina corrobora el fracaso de las políticas neoliberales y comporta un dramático llamado de alerta para los votantes uruguayos.

Es claro que, en caso de ganar las elecciones, la derecha uruguaya se propone aplicar el mismo modelo de Macri que tanto ha elogiado. Obviamente, esa película ya la vimos en 2002.

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