Corcoran se graduó en la universidad y trabajó enseñando durante una década y media, pero escondía un secretoSin saber leer, aprobó su carrera y trabajó durante 17 años

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John Corcoran creció en EEUU entre la década de los cuarenta y los cincuenta. Tenía cinco hermanos, terminó la secundaria, asistió a la universidad y se convirtió en profesor a finales de los sesenta. Lo fue durante 17 años. Sin embargo, todo ese tiempo escondió un secreto, no sabía leer ni escribir.

Pasaron décadas antes de que se sintiera capaz de revelarlo todo, pero cuando lo hizo se sintió liberado. Cuando era pequeño sus padres le dijeron que sería un ganador, y durante los primeros seis años de su vida, creyó lo que le habían dicho. Le costó un poco empezar a hablar, aunque acudió al colegio con muchas esperanzas de aprender a leer como sus hermanas.

Al principio, las cosas fueron bien porque no les exigían más que ser educados, comportarse bien, hacer la fila correctamente, estar en silencio o ir al baño solo cuando fuera necesario. Cuando llegó el segundo grado, curso donde se suponía que empezarían a leer, es cuando comenzó el problema real. “Para mi era como abrir un periódico en chino que, al mirarlo, no sabía descifrar ni entender. A los siete u ocho años no tenía ni idea de cómo articular el problema”, explica.

“La fila de los tontos”

“Recuerdo que me pasaba la noche rezando: ‘Por favor, Señor, déjame aprender a leer mañana cuando despierte’. Algunas veces encendía la luz, cogía un libro y lo miraba para ver si el milagro había sucedido. Pero nunca ocurrió”, asegura.

Lo acabaron sentando en “la fila de los tontos”, los peores alumnos, un grupo que tenía problemas con la comprensión lectora. El pequeño no entendía cómo había ido a parar allí ni cómo salir de eso. No tenía ni idea de qué hacer. “No era una cuestión de crueldad ni nada por el estilo, pero cuando estás allí, te acabas sintiendo como ellos”, comenta Corcoran.

Sobrevivió a la secundaria y se graduó en la universidad haciendo trampas

Tras darle muchas vueltas, se lo contó a su mujer, que no entendió muy bien a qué se refería. Tuvieron una hija a la que no le leía cuentos, solo se los contaba de lo que recordaba hasta que le tocó uno nuevo. “No lo lees como mamá”, dijo ella. “Mi esposa me escuchó tratando de leer el libro infantil y fue la primera vez que se dio cuenta de lo que pasaba.

Le había estado pidiendo que escribiera una cantidad de cosas por mí, que me ayudara con la universidad y, de pronto, se percató de lo profundo y severo que era el problema. Pero no me dijo nada, no hubo un enfrentamiento, simplemente continuó ayudándome para seguir adelante”.

Alfabetización para adultos

“Enseñé secundaria desde 1961 hasta 1978. Ocho años después de renunciar a mi trabajo, finalmente algo ocurrió. Estaba a punto de cumplir 48 años, cuando vi a Barbara Bush, la esposa del entonces vicepresidente de Estados Unidos, hablar en televisión sobre la alfabetización para adultos. Nunca había escuchado eso antes. Pensaba que era la única persona en el mundo en esta situación.

Me encontraba en un momento desesperado de mi vida. Quería contárselo a alguien, que me ayudaran y, un día, en el supermercado, estaba en la fila cuando escuché a dos mujeres hablar de su hermano mayor. Estaba aprendiendo a leer y ellas estaban muy contentas y no lo podían creer. Así que, un viernes en la tarde, me fui de traje a la biblioteca y pedí hablar con la directora del programa de alfabetización y le dije que no sabía leer”.

Ella fue la segunda persona a la que le confesó su secreto. No era profesora, solo amaba la lectura y no quería permitir que nadie pasara por la vida sin saber hacerlo. Consiguió tener un nivel de sexto curso, pero le llevó siete años sentirse como una persona letrada.

“Me costó mucho contar mi historia. Fue un secreto incómodo y vergonzoso, pero la decisión fue emocional. Algunos pensaron que me lo había inventado, pero solo quería que supieran que nadie es tonto y que todo el mundo puede aprender, que nunca es tarde”.

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