#OpiniónUn año

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Hace un año comencé a escribir todos los jueves en LA REPUBLICA. Ante la invitación y la posibilidad, abrimos un espacio de difusión de ideas, propuestas e información.

En un año suceden muchas cosas, muchísimas en la vida cotidiana de hombres y mujeres. Sin embargo, en la historia de la humanidad es casi nada.

La categoría de “contemporáneo/a” es algo acerca de lo que pocas veces reparamos y es tal vez, junto con la propia vida, uno de los milagros más grandes.

Somos contemporáneos de alguno/as, nos encontró el tiempo y el contexto. Y nuestra responsabilidad más grande como sigue siendo brindarnos al otro y reconocernos en el otro. Sentir y comprender la semejanza; luchar por la igualdad en todos sus términos y en cada momento que sea posible.

Descubrimos tarde como izquierda que en el proceso de la lucha por los cambios debemos cambiar nosotros. Y también aprendimos, que no hay cartel luminoso de llegada a ningún lugar sino una constante caminata para descubrirnos y permitir que la vida, la felicidad y también el disfrute deben ser posibilidad y derecho de todo/as.

La deuda de nuestras sociedades híper desarrolladas con los sectores más pobres y vulnerados es inconmensurable. Nuestras sociedades que conocen el precio de todo y el valor de nada; que tienen respuestas a muchas preguntas que nadie hizo, sociedades que “invisibilizan” lo distinto para aislarnos junto a los parecidos; donde la meritocracia es el mejor argumento para justificar lo injustificable y nefasto que es aceptar que la mayoría de nuestras sociedades no viven, sobreviven; donde los niños pagan la condena de ser nietos de pobres.

Menciono lo anterior, porque se acerca una nueva campaña electoral a velocidades altísimas. Las campañas tienen por momento un parecido enorme con los mercados, e incluso con los supermercados de grandes superficies. En las góndolas se van acomodando los productos, donde el envoltorio es más importante que el contenido. Donde lo superfluo nos aparece al alcance de la mano y lo necesario al fondo sin señalética.

Desde Artigas hasta acá, el desvelo sigue siendo que los más infelices sean los más privilegiados. Aún hoy, debería ser desvelo y preocupación, aunque el packing no acompañe, de cualquier candidato/a, el seguir incluyendo y haciendo parte de la sociedad a una porción gruesa de uruguayo/as que desde hace decenas de año, no pueden subirse al tren y por si fuera poco les hacemos creer que corren demasiado lento.

Ser candidato/a debería suponer la tarea de la igualdad y justicia social sean hechos. Que nadie deba nacer condenado, que la vida además de milagrosa sea vivida con dignidad. Y que se pueda disfrutar en todo su esplendor la contemporaneidad que implica coincidir con otro/as en este camino.

Si podemos cambiar el modelo de las góndolas, si puede desvanecerse la exigencia de la apariencia en nuestros comportamientos. Si lo imposible aparece aunque parezca lejano, para recordarnos adónde vamos, si somos firmes en que lo que importante es llegar con todos a tiempo y no primeros ni solos. Entonces habremos aportado un rayo de sol a las flores que aun son semilla.

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1 comentario
  1. Germán Supervielle dice
    Se puede pero no se hace Camilo. ¿No te das cuenta que todo el lo mismo? los indigentes serán siempre indigentes, sea el gobierno que sea. ¿O crees que algo ha cambiado? ¡Feliz año! La República sigue siendo el mejor medio uruguayo, por lejos.

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