Venezuela en la mira: elecciones y cerco internacional

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Las elecciones presidenciales que se celebrarán el próximo 20 de mayo en Venezuela son presentadas, por buena parte de la comunidad internacional, como un ejercicio electoral ilegal e ilegítimo. Dichos actores, caracterizados por intereses materiales y geopolíticos que chocan con los del Gobierno venezolano, se han dedicado a difundir ante la opinión pública mundial un determinado sentido común sobre la democracia, la libertad y los derechos humanos (DDHH) (…)

En el caso concreto de Venezuela, desde el inicio de la Revolución Bolivariana se viene construyendo y sedimentando la noción de que es un Estado fallido o una dictadura que vulnera los DDHH y la democracia. En los últimos tiempos, está cobrando fuerza también la idea de Venezuela como país que padece una crisis humanitaria que hace urgente la intervención de la comunidad internacional. A continuación se exponen algunos de los actores que participan en la construcción-manipulación de esta realidad:

Los medios de comunicación y redes sociales.

Procuran manufacturar el consenso negativo en torno a Venezuela a través de un poder blando que incide en la opinión pública mundial. El poder blando se basa en elementos culturales e ideológicos para cooptar y seducir a la población hacia los valores de quien lo ejerce. Es sutil y puede resultar imperceptible.

Desde hace varios meses, los medios de comunicación internacionales destacan la existencia de una crisis humanitaria en Venezuela (con paralelismos al caso de Siria), presionando para la intervención de gobiernos u organismos internacionales para solucionarla. Se exacerban las advertencias sobre el problema migratorio, presentando la emigración venezolana como un éxodo producto de la grave crisis humanitaria que afecta a la seguridad hemisférica.

Otra herramienta usual es la difusión de rumores vía redes sociales, sea Twitter o Facebook. Por ejemplo, un columnista reconocido como voz experta difundía el 27 de abril una supuesta “reforma constitucional para abolir el sufragio en Venezuela”, basándose en declaraciones del presidente colombiano Juan Manuel Santos. Algo similar sucedió hacia fines de mayo de 2016, cuando el secretario general de la OEA, Luis Almagro, difundió en redes sociales que era un hecho la aplicación de la Carta Democrática al caso de Venezuela, provocando un grave escenario de tensión a nivel regional

Think tanks y “opiniones expertas”, la diplomacia y las FFAA

Son organismos que elaboran la opinión experta para moldear la opinión pública. Un ejemplo son los múltiples informes sobre la inflación venezolana, el desabastecimiento, la (supuesta) miseria estructural venezolana, que evitan hacer referencia el contexto internacional, las tensiones y los factores y actores políticos internos y externos que inducen o presionan para la desestabilización permanente.

Los think tanks han ayudado a respaldar, a través de sus analistas y voceros, la idea de la crisis humanitaria en Venezuela. Los medios de comunicación con mayor audiencia recurren a estas voces expertas para elaborar artículos o presentarlos en columnas de opinión. En este rubro, se incluye a los miembros de la oposición al Gobierno, invitados como voces informadas y particularmente legítimas. Es probable que las opiniones expertas confluyan con mayor énfasis en la construcción/sedimentación de la noción de crisis humanitaria que justifique una intervención humanitaria al uso de las que EEUU ha realizado en los últimos años en la ex Yugoslavia o Irak.

En la diplomacia se incluye tanto el accionar de gobiernos como el de organismos regionales e internacionales que avalan la idea de Venezuela como supuesto Estado fallido.

La presión diplomática hacia Venezuela ha ido in crescendo en los últimos meses. En el hemisferio y en el ámbito multilateral, destaca la labor de la OEA. Ante la imposibilidad de lograr un consenso dentro de la Organización, se creó el Grupo de Lima, alianza de 12 países conocidos por su afinidad con la política estadounidense (Argentina, Canadá, Chile, Colombia, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Brasil y Costa Rica), a los que se han sumado EEUU, Guyana y Santa Lucía, para presionar a Maduro. El Grupo de Lima pretende aplicar unilateralmente la Carta Interamericana de la OEA a Venezuela.

El actual escenario político latinoamericano, con una correlación de fuerzas más favorable a la derecha regional, pone en una situación delicada a Venezuela. El anuncio de varios países de suspender su participación en Unasur muestra una tendencia a acomodarse (nuevamente) a los lineamientos económicos, políticos y para la seguridad planteados desde EEUU, en detrimento de las iniciativas latinoamericanistas que favorecían la resolución de conflictos desde América Latina y para América Latina.

El vicepresidente de EEUU, Mike Pence, ha pedido desconocer las elecciones del 20 de mayo y suspender a Venezuela como miembro de la OEA. Mientras que el recién nombrado secretario de Estado, Mike Pompeo, ha resaltado el conflicto en torno al éxodo de millones de venezolanos que supuestamente huyen del país por culpa de la crisis y el régimen corrupto al que calificó de dictadura. No debe descartarse la instalación de un gobierno paralelo en el exilio al que EEUU podría proporcionar ayuda material y sobre todo brindarle legitimación, junto a la OEA.

De hecho, EEUU ha buscado aliados para sus sanciones, que también han aplicado los países de la Unión Europea, sumándose recientemente Suiza y Panamá. Las sanciones buscan evitar que Venezuela desarrolle alternativas al bloqueo financiero que padece de facto, como la orden ejecutiva firmada por Donald Trump que prohíbe el uso del petro, la criptomoneda venezolana.

A pesar de la presión, algunos países cuyas relaciones diplomáticas con Venezuela se han deteriorado en los últimos meses (caso de España) vienen dando muestras de intento de restablecer el trabajo conjunto, lo que parecería mostrar que ciertos intereses económicos están por encima de los escrúpulos democráticos.

El fin último de estas dinámicas y mecanismos es crear-consolidar un escenario que convenza a la opinión internacional de que Venezuela está aislada justificando una eventual intervención humanitaria que incluya la variante militar en caso de ser insuficientes las acciones de poder blando. Desde esta perspectiva, es clave el rol que vienen asumiendo las FFAA que, de momento, se limitan a realizar declaraciones y operativos conjuntos con las FFAA latinoamericanas. (Fuente: Celag)

 

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