OpiniónHurgando en el caso Feldman

Suele pensarse que cuando uno llega al retiro de la actividad laboral es cuando comienza una nueva etapa en la vida. Cualquiera haya sido la tarea que a una persona le haya tocado, se entiende que todos tenemos derecho a un merecido descanso. Descanso éste que para nada significa hundirse en la inacción, en la tristeza o para ser más drástico en el ocaso.

Para nuestra suerte los tiempos han cambiado y las condiciones de vida de los humanos en ciertos lugares del planeta, han permitido alcanzar la longevidad en condiciones de dignidad.

Lo cierto es que a los pasivos de nuestras tierras, más allá de la suerte que les haya tocado en vida y las posibilidades económicas que hayan podido alcanzar, el retiro del ámbito laboral les brinda la posibilidad de disfrutar del encanto de vivir, de disfrutar de sus seres queridos, de sus hijos, sus nietos y por qué no, del ocio.

Ahora bien, lo que debo decir y espero que nadie se ofenda, ya que además me incluyo en esta reflexión, es que los años pueden dar sabiduría, experiencia y paz pero también a la vez pueden acentuar nuestros “defectillos”, cuando no agudizarlos y sacar afuera todo lo fulero que poseemos.

Se me ocurre que será aquello de que se “pierden filtros”, no me molesta, pero no se trata de cuestiones relativas a la incontinencia verbal, sino que pueden radicalizarse algunos aspectos de la personalidad o exacerbar nuestras propias lacras. Y si en una de esas el defecto está vinculado con la inquina o la mala voluntad, para decirlo en un lenguaje amistoso, la tierna vejez y el dulce abuelo puede convertirse en algo insoportable e insufrible.

Toda esta cavilación viene a cuento pues el reciente jubilado ex supremo magistrado, Julio César Chalar, en estos últimos días, supongo, ya que se jubiló hace poco más de un mes, estudió miles de fojas del expediente del “caso Feldman” y se presentó en el juzgado de la jueza Adriana De los Santos y del fiscal Juan Bautista Gómez, pues advierte “irregularidades” en el procedimiento judicial.

Hete aquí, que el expediente fue archivado a comienzos de 2010 por el Dr. Jorge Díaz a solicitud del fiscal Ricardo Perciballe.

Pero, ¿qué le pasó a Don Chalar que a días de su retiro retoma un caso que la derecha pretendió utilizar para evitar que la izquierda accediera a su segundo gobierno, a tan solo unos días del balotaje entre Mujica y Lacalle padre?

Como mi imaginación, y lo digo con humildad, es vasta, y como son las tres de la mañana mientras escribo esto, pudiendo estar por ingresar al terreno de lo onírico, se me da por pensar que al hombre le sobra el tiempo y su apego a la vocación judicial lo mantiene inquieto y a la vez sensiblemente turbado.

Pero hay algunos detalles que para nada son insignificantes, “me late”, como dicen los mexicanos, que este señor ha intensificado su mal humor y quiere alardear de su fama de duro.

Es evidente que el ex juez está muy enojado con los gobiernos de izquierda. Él sabe muy bien que aún siendo un pasivo, sigue siendo para cualquier juez en actividad un individuo que puede “pesar” y sobre todo en un tribunal que ya tiene antecedentes de convertir lo político en judicial. Tanto el juez como el fiscal que conocerán en este asunto son permeables a la presiones que van dirigidas a atacar directamente, o por elevación o por vía oblicua o retorcida contra los actores de los gobiernos de izquierda. Ellos han demostrado una cierta habilidad de convertir las causas políticas en judiciales, armando un sancocho del que hasta hoy no saben cómo salir.

Lo inquietante es cuál ha sido el móvil o la inquietud del “duro” Chalar para preocuparse por esta causa y no por otras, habiendo tantas y en particular sobre Derechos Humanos, cátedra que se jacta de impartir para “enseñar” a los futuros jueces.

El hombre está preocupado de que las armas que poseía Feldman aún estén en el giro. Repito, estoy despierto pero tengo miedo de que en medio de la madrugada tormentosa en la que escribo, el delirio del sueño me haga pensar que los “fierros” son para alguna “célula dormida” de los 60 que aún sobrevive a la “guerra fría” de la mano del inefable Don Jorge. Pero sólo es una teoría ya que la diligente Dra. De los Santos -confío- resolverá.

Al hombre por lo visto no le cierran los números, ya que según él no coinciden las armas incautadas con las entregadas al juzgado, y si el juzgado no las tiene, entonces ¿quién? En una de esas el asunto sea más simple y no tan misterioso como lo presenta el ex magistrado, que por lo visto sale más en los medios que una vedette de ocasión.

Si uno se llevara por los relatos de El País y de sus “cronistas especializados” en la materia, estaríamos ante un dramático y peligroso asunto. Y en lugar de buscar la novelería barata, en una de esas, todo este asunto tiene una explicación simple, tan simple como que luego de incautadas las armas y observando que algunas de ellas estaban en condiciones, la policía se las haya solicitado al juez y éste haya accedido. Pero no, lo que se presentan son suspicacias, dudas y temeridades periodísticas… nada nuevo.

Ahora bien, nadie se intranquiliza, empezando por un colega de Chalar, el supremo juez Jorge Larrieux, cuando un amigo suyo, el empresario de la construcción González Conde, tenía un arsenal en su casa como para hacer volar una manzana. Y entre otras joyitas tenía un depósito de guerra que contenía morteros, lanzagranadas, granadas antitanque, 1.000 fusiles y 130.000 municiones, una cifra que deja como un poroto a toda la reserva del Ministerio del Interior.

El asunto es que Chalar, De los Santos y Juan Bautista Gómez saben que en el “caso Feldman”, el inextinguible Jorge Batlle, el por ahora senador reconvertido en diputado electo Penadés y toda la barra “facha” de Domingo Arena quisieron explotar el asunto contra Mujica y todo el Frente Amplio a finales de 2009. Pretendieron montar una escenografía que fue tan burda, tan ordinaria y sin “inteligencia”, que obligaron a Marenales a ponerse una peluca rubia infame. Él nos convenció de que Feldman podía estar mal de la cabeza pero no tener tan mal gusto como para llegar al extremo de tener como acompañante “femenina” a alguien de esas características.

Si no fuera porque todo esto es tan siniestro debería decir que no hacen otra cosa que dar lástima.

Sólo quiero imaginarme algo: si la suerte y la salud me acompañan, espero que cuando llegue a viejo, alguien, quien sea, un buen amigo, mi mujer si todavía me estuviera soportando o mi dulce Sabina me adviertan: “papá, no nos hagas pasar tanta vergüenza”.

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