Carnaval. Miles desbordan calles y avenidasLa fiesta ya comenzó en Rio de Janeiro

Una banda de brujas, otra de ángeles; cowboys en traje de peluche. Un Jesucristo bebiendo cerveza y cinco hombres vestidos de Mujer Maravilla. ¿Tienes un deseo, una fantasía? ¡Ven al bloco de Bola Preta! El bloco es un encuentro entre miles para una celebración.

Rio de Janeiro, más de 30ºC el primer día de Carnaval. Una multitud tomó las calles para participar del tradicional grupo callejero ‘Cordao de Bola Preta’, el mayor y más antiguo de la ciudad que, al ritmo de samba y marchas, recorre el centro de la ciudad.

El grupo cambió este año su recorrido habitual por la avenida Rio Branco, debido a las obras de cara a los Juegos Olímpicos de Rio 2016, pero no perdió su fuerza: incluso instaló una torta y celebró también los 450 años de Rio, que se cumplen el próximo 1º de marzo.

“Bola Preta”, de su lado, es casi centenario: fue creado en 1918. Este año su meta era reunir al menos 1,3 millones de fiesteros, pero aún no había cifras oficiales de asistencia.

“Este es un momento único: podemos hacer lo que queramos, vestirnos como queramos, tomar toda la cerveza del mundo. Esperamos todo el año por esto”, dice a la AFP Aldemir Sena, de 26 años, empinando un vaso de bebida espumosa y helada.

Aldemir trabaja de portero en un edificio corporativo del centro de Rio. Este sábado está con el torso desnudo y un sombrero panamá. “¿Calor? Mejor, así sudamos toda la cerveza que nos tomamos”, dice riéndose.

Libérate

Faltan ojos para ver todo lo que ocurre en este trance colectivo. Hay que abrirse paso entre la multitud que baila, canta, que grita, se besa y se abraza en una jornada  caliente sobre el asfalto.

La realidad y la fantasía diluyen sus fronteras. Un grupo de chicos en shorts y coronas de princesa ríe y baila; al lado, un verdadero batallón de la Policía Militar de Rio cuida la seguridad.

Una mujer reparte preservativos y un folleto para promover el sexo seguro.

“Somos cariocas, somos fiesteros”, sentencia William de Assis, un musculoso soldador de 30 años que junto a un grupo de amigos se disfrazaron de cowboys.

El atuendo es un short, chaqueta y botines de peluche rosado que dejan al aire piernas, barriga y brazos. Se nota que algunos son adeptos al gimnasio, pero otros exhiben sin culpa las bondades de la buena vida.

Con su look vaquero rosado y una pistola de plástico, De Assis cuenta que no se trata de un grupo de amigos gay, pero que “el Carnaval es el momento para liberar todas las fantasías”.

Joao Paulo Correa y su familia se prepararon desde agosto para este Carnaval. Son diez, hombres y mujeres, que sacaron a la bruja que llevan dentro.

La producción es máxima: todos llevan una peluca morada, medias de red, minifalda, capa con lunas y estrellas y un puntiagudo sombrero negro. “Hasta le pusimos hielo seco a estos calderos para que echen ‘humo'”, contó Correa a la AFP, escoba en mano.

En una esquina, un grupo hace fila para tomarse fotos con un Jesucristo de cabello largo y túnica. Más allá, pasa una banda de monjas en minifalda y escote. Un travesti reparte besos y abrazos en medio de gritos y aplausos.

Hay corrupción, pero es Carnaval

La fiesta brasileña ocultará por unos días las pesadillas que afectan a Brasil estos días: el estancamiento de la economía, la falta de lluvias o el escándalo de corrupción en la mayor empresa brasileña, la estatal Petrobras.

“Petrobras es nuestro mayor problema, pero volvemos a pensar en eso sólo después de Carnaval”, dijo Gladiston Lima, un comerciante de 29 años que marcha al ritmo de la música fuerte y animada de los altoparlantes.

Según la investigación en marcha, un grupo de empresas, políticos y jerarcas de Petrobras se coludieron en una trama que desvió millones de dólares durante una década.

Hay unos pocos tozudos que, sin embargo, no quieren olvidar: “Petrobras, págame mi dinero”, dice el pequeño letrero que Daniela Melo levanta en medio de la multitud. Explica a la AFP que trabaja en una empresa de servicios que depende de la gigante petrolera y que hace más de un mes no percibe ingresos.

En una esquina, alejada del tumulto, una mujer está vestida con un traje de largos flecos negros, de pies a cabeza. Tiene un cartel que dice: “Soy el petróleo de Brasil”.

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